“Tuve dos hijas a esta altura de la vida, cuando ni lo soñaba. Cambiaron mi presente. Siempre tuve una buena vida, pero gracias a ellas, y a los tres hijos de mi actual pareja, tengo una vida muy movida y feliz.
Aunque disfruté mucho de la crianza de mis hijos más grandes, ahora estoy disfrutando más de todo lo cotidiano. Le doy importancia a cosas simples que antes no vi. Paso tiempo en la cama jugando con ellas, les sonrío, les digo a cada rato que las amo, me encargo de sus mocos, de la caca, les preparo el mate cocido con leche de la tarde... Es estimulante y psicológicamente rejuvenecedor. Físicamente quizás me faltan energías, pero de todos modos me las arreglo bien. Soporto algunos dolores de cintura y cosas propias de mi edad, pero nada que no se pueda manejar. Mi principal miedo es que quizás no esté cuando me necesiten. Pero intentaré que lleguen suficientemente fuertes a ese momento”.
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