La persecución del rating no es un invento argentino: el “Gran Hermano” de Inglaterra, ya por su segunda temporada, realizó algunos cambios abruptos para que el reality más famoso del mundo siga siendo un éxito de rating, pero lo que más llama la atención, más allá de las nuevas reglas, es la ambientación absolutamente barroca de la casa, con luces de neón, UV y una mezcla de estilos, colores y patrones recargados y contrastantes.
El objetivo, dicen desde la producción, es generar tanto ruido visual en la casa que se asemeja a un bar entre lo kitsch y lo pop, que los “hermanitos” permanezcan más tiempo despiertos, y por lo tanto desgasten emocionalmente a los competidores y brinden más acción a los televidentes.
La estructura mansión no se modificó demasiado, y a pesar del lujo ochentoso de su decoración interior, no ofrece muchas más posibilidades que la austera casa argentina que se ve todos los días por América. Pero donde el show conducido por Jorge Rial apostó por el minimalismo y la construcción prefabricada, los ingleses se dedicaron a cubrir cada centímetro con diseños, adornos y luces de colores.
Los concursantes quizás pierdan el sueño con tanto neón, pero deberían estar más preocupados, en realidad, por quienes les quieren quitar el lugar: porque la gran sorpresa del nuevo “Big Brother” es la existencia de otra casa, donde “Los Otros” conspirarán para echar a los participantes de la casa principal sin que ellos sepan nada, y así ocupar su lugar. Se rumorea que los ocupantes de esta segunda casa serán celebridades (al estilo “Gran Hermano”, es decir, semi-famosos, “amigos de”, “ex novios de”, etc.).
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