Menos de un año después de su rimbombante entrada en la carrera a la Casa Blanca, el magnate neoyorquino Donald Trump (69) se convirtió en el candidato natural del Partido Republicano para las presidenciales de noviembre, capitalizando la cólera del electorado. Hace un año, nadie le otorgaba la menor chance, pero a golpes de declaraciones chocantes, Trump cambió el curso de la campaña, hizo explotar lo políticamente correcto y se impuso como el candidato republicano indiscutido, pese a la oposición de su partido. El extravagante millonario, que hizo su fortuna en la construcción, nunca ocupó un cargo público. Hasta que anunció su candidatura, su nombre era solo sinónimo de torres y casinos, matrimonios y divorcios de farándula, y “El Aprendiz”, el reality show del cual era el animador estrella.
Casado en terceras nupcias con Melania (46), ex modelo eslovena, este populista se ha revelado como un animal político formidable, dueño de un ego desmedido. Insulta a las mujeres, mexicanos (prometió construir un muro en la frontera), musulmanes, y sin embargo, su aparente cruda honestidad, desafío a la corrección política y un desdén hacia la clase política, lo mantienen en la cima de los sondeos desde que lanzó su candidatura en junio pasado.
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