La lucha contra la inseguridad, el narcotráfico y la corrupción figura entre los grandes retos que deberá enfrentar el próximo Gobierno de Perú. Para los peruanos, el principal problema es la inseguridad y genera tales niveles de ansiedad que el 88% de los ciudadanos consultados en una encuesta en diciembre pasado señalaba que en los siguientes 12 meses iba a ser víctima de un delito. Según datos oficiales, el 29,5% de los peruanos ha sido víctima de un hecho delictivo. Gran parte de la ciudadanía considera que la situación se agravó durante la gestión de Ollanta Humala, quien cerrará su mandato el próximo 28 de julio con este problema como uno de los puntos más cuestionados de su mandato.
Los analistas remarcan que el embate de la delincuencia y el crimen organizado, que incluye el incremento de los casos de sicariato, está vinculado con el narcotráfico, otro de los grandes problemas que deberá enfrentar el nuevo Gobierno. La administración de Humala logró durante 2014 una disminución de 13,9% en los cultivos de hoja de coca, que pasaron de 49.800 hectáreas en 2013 a 42.900, aunque Perú aún se mantiene entre los mayores productores mundiales de cocaína.
En los últimos años, en el país aumentaron otros delitos vinculados con el narcotráfico, como la extorsión y el sicariato. Todos estas actividades ilícitas están vinculadas con la corrupción, un mal que afecta a las instituciones peruanas y que ha llevado al descrédito del aparato estatal y de organismos tan importantes como el Congreso y el Poder Judicial. Entre los ciudadanos estas instituciones aparecen como las más desprestigiadas, por lo que exigen al próximo Gobierno que enfrente la corrupción con mano firme y leyes severas.
Consciente de que éste es el punto más cuestionado de su vida política, Keiko Fujimori afirmó que, en caso de resultar electa, no permitiría “que la historia se repita“, en alusión a la gigantesca red de corrupción que se formó durante el régimen de su padre, el ex presidente encarcelado Alberto Fujimori (1990-2000).
Además de la lucha por mantener las buenas cifras macroeconómicas que logró Perú en los últimos años, estos problemas presentan un escenario complejo para el gobernante que asuma el 28 de julio con la meta de consolidar el desarrollo del país en medio de las celebraciones de su bicentenario.
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