La baja tasa de natalidad y el alargamiento de la esperanza de vida han llevado a un envejecimiento poblacional en los países de occidente con un fuerte impacto sobre los sistemas de previsión social (y los gastos en salud). Intentos de reformas jubilatorias en países desarrollados, y aún en desarrollo, han estado sujetos a una fuerte resistencia. La población considera que tiene un derecho adquirido que no se puede modificar.
Estudios sobre la evolución del sistema previsional de los Estados Unidos muestran que los jubilados del futuro van estar en una situación peor que los actuales. Esta situación podría ser un espejo de lo que ocurre en el resto de los países de occidente.
Argentina no es ajena a estos problemas. Viene de una reciente reforma previsional (año 2008) donde se pasó de una régimen mixto de reparto y capitalización a un régimen único de reparto, con vicios similares al sistema vigente hasta el año 1994: moratorias previsionales, laxitud en el otorgamiento de beneficios, evasión, haberes mal liquidados, déficit creciente, entre otros.
RIESGO DE DETERIORO
Los riesgos de deterioro del sistema jubilatorio están otra vez latentes. Entre el año 2006 y 2009 se otorgaron 2,6 millones de jubilaciones a personas que no habían realizado los aportes correspondientes, de los cuales más del 50% pertenecían a la clase media y media alta. Luego, en el 2014, una nueva moratoria previsional amplió los beneficios jubilatorios a unas 500 mil personas sin aportes. Así la masa de jubilados y pensionados alcanzó a los 8 millones a fines de 2015. Como resultado, la tasa de sostenimiento actual del sistema es de 1,3 (relación entre trabajadores activos declarados y pasivos). Es decir para pagar los haberes de un jubilado solo se cuenta con los aportes de 1,3 activos (un valor sustentable de este indicador sería 3). ¿Cuánto debería aportar cada activo para que los pasivos reciban una jubilación digna?
El gobierno que asumió en diciembre del año pasado acaba de anunciar tres medidas de fondo sobre el régimen previsional: El pago de las deudas por la falta de actualización de haberes entre 2002 y 2006, antes de la ley de indexación (un problema de stock). Un reajuste de los haberes jubilatorios mal calculados (un problema de flujo) y la introducción de una pensión universal a la vejez (80% de la jubilación mínima).
Estas medidas se espera financiarlas con una moratoria impositiva, las rentas de Fondo de Garantía de Sustentabilidad y un blanqueo de capitales.
La pensión a la vejez se financiaría con fondos del Tesoro Nacional. A continuación se realizan algunas consideraciones sobre el anuncio del Gobierno.
Indudablemente el pago de la deuda con los jubilados que ganaron juicios contra el Anses es impostergable, no puede esperar. Es una deuda económica y moral con personas que han trabajado toda la vida. El país probablemente va tomar deuda (interna o externa) para pagar la deuda con los jubilados. Cambia una deuda por otra.
Sin embargo, el reajuste de haberes a más de 2 millones de jubilados que se propone realizar de oficio, en un contexto de fuerte debilidad fiscal, debería evaluarse cuidadosamente (hay un problema de flujo no de stock). Esta medida implica un incremento permanente del gasto público de aproximadamente el 1,5% del Producto Bruto Interno.
El gasto en jubilaciones y pensiones representa hoy más de un tercio del gasto público nacional
El gasto en jubilaciones y pensiones representa hoy más de un tercio del gasto público nacional (35%). ¿Cómo podrá financiarse el incremento propuesto bajo el régimen vigente donde se observa una débil relación entre activos y pasivos? Además, en un mercado laboral en el cual el 40% de los trabajadores son informales. Con un sistema previsional que tiene un déficit (diferencia entre aportes y contribuciones y pago de haberes) que ascendió a $126 mil millones en el 2015.
A todo esto se suma que la Nación va a devolver a las provincias el 15% de los fondos coparticipados que se destinan actualmente a financiar el régimen previsional, lo que debilita aún más al sistema.
La ecuación parece insostenible. En un régimen de reparto los haberes previsionales dependen básicamente de la relación entre activos y pasivos. Los haberes pueden subir solo por el aumento de la cantidad de trabajadores que aportan. No hay fórmulas mágicas. En caso contrario, deberán buscarse nuevas fuentes de financiamiento, difíciles de obtener, o reducir otros gastos. No parece sostenible un aumento permanente de los haberes jubilatorios sin una modificación de fondo del régimen.
PENSION A LA VEJEZ
En cuanto a la pensión a la vejez parece una solución razonable para atender el problema de aquellos que no pudieron o no quisieron aportar, pero incompatible con el actual sistema contributivo vigente. ¿Pueden coexistir dos sistemas, uno en que las personas realizan aportes y contribuciones para la vejez y, en otro, donde no se realizan aportes e igual se obtiene el 80% de la jubilación mínima? ¿Cuáles serían los incentivos a realizar aportes de los jóvenes que observan que podrían jubilarse en el futuro sin realizar contribución alguna? ¿Qué efecto tendría sobre la tasa de evasión de los aportes previsionales actuales?
La mayoría de los países de occidente enfrentan una situación previsional preocupante producto del envejecimiento poblacional, y Argentina no es la excepción. Resolver la problemática de los jubilados debe ser una prioridad para las políticas públicas, pero la solución debe obtenerse en el marco de una propuesta que sea sostenible en el tiempo.
(*) Director de la Maestría en Finanzas Públicas de la Facultad de Ciencias Económicas (UNLP)
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