Por EDUARDO TUCCI
Mientras la agenda futbolera sigue dominada en estas horas por conocer los próximos pasos que dará Lionel Messi, las idas y vueltas de Diego Maradona más la incertidumbre que rodea al futuro del Tata Martino en la Selección, son muy pocas las certezas y demasiadas las dudas en torno a cómo se jugará el próximo torneo argentino.
Sí, aunque parezca utópico, en medio de la acefalía y el descontrol que domina a la Asociación del Fútbol Argentino, nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo y de qué manera seguirá el fútbol. Estiman que será un campeonato largo y que disminuirá en dos la cantidad de equipos en Primera, previéndose su culminación para el mes de junio de 2017. Todo en medio de conjeturas y muy pocas certezas.
Por lo que dejaron entrever quienes “gobernaron” la AFA los últimos tiempos -a partir de la próxima semana la responsabilidad total recaerá en una Comisión Normalizadora impuesta por la FIFA-, se venían explorando dos posibilidades: un certamen en el que compitan “todos contra todos” u otro en el que los 30 equipos de Primera se dividan en dos zonas, con partidos de ida y vuelta más dos cotejos Interzonales.
También se supo que la idea de impulsar un torneo de Primera División “largo” tiene como objetivo poder “venderlo mejor” y consecuentemente obtener más recursos.
Otra de las metas que se habían propuesto era la futura implementación de cuatro descensos y dos ascensos para volver, lo antes posible, a los 22 conjuntos de Primera.
Como las urgencias económicas son las que dominan por estas horas a cada uno de los clubes, no interesa demasiado la discusión sobre la planificación de los futuros torneos sino que se adopten decisiones sobre ingresos de divisas y el reinicio de la actividad lo antes posible.
Como las urgencias económicas dominan a los clubes, no interesa demasiado la discusión sobre la planificación de los futuros torneos sino las decisiones que se tomen sobre el ingresos de divisas
No está excluida del mar de dudas que propone el futuro del fútbol la muy comentada “Superliga”, que en algún momento resultó el eje central de las discusiones y el origen de rupturas dirigenciales que se prolongan hasta hoy. Los impulsores de esa idea -particularmente los clubes denominados grandes-, ahora aceptan que tuvieron “un error de comunicación cuando tiraron el proyecto sobre la mesa.
Coinciden en reconocer que para la opinión pública quedó instalado que se trataba de la “liga de los grandes”, cuando -según ellos-, la Superliga tiene como argumento vital dotar de mayores recursos económicos a las entidades de Primera División y con el denominado “efecto derrame” incrementar los ingresos al resto de los equipos que conforman las distintas divisionales del fútbol argentino.
Los que fogonearon la Superliga -sobre la que nunca se adoptó una decisión definitiva-, dijeron también en las últimas horas que el nombre que llevarían los torneos de primera y la B Nacional y la pelota oficial serían dos de los nuevos negocios que podría generar la concreción de la nueva Liga.
Con un cielo plagado de nubarrones y en estado de acefalía, el único órgano soberano existente actualmente en la AFA es la Asamblea que se encuentra en cuarto intermedio hasta el 11 de julio. Situación que se prolongará hasta la instalación de la Comisión Nomalizadora encabezada por Damián Dupiellet -dirigente del club Ituzaingó y titular del “Fútbol Playa”- e integrada por seis personas más quienes, además de dedicarse a reorganizar la AFA tendrá, entre otras atribuciones, la de la organización de los torneos.
Habrá que esperar entonces hasta que ese grupo dirigencial armado por la FIFA se haga cargo de sus funciones para tener un panorama más claro sobre la planificación del próximo torneo y la instrumentación de la Superliga, todos temas de vital relevancia que hoy se encuentran sumergidos en un preocupante mar de dudas.
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