Nada parece sencillo a la administración macrista.
Deficiencias propias, mala praxis de la política, herencia, factores externos y domésticos, han desembocado en una coyuntura económica compleja.
La desaceleración de la inflación, la ley de reparación de la deuda con los jubilados y la reapertura del crédito externo son noticias positivas.
Con bajo crecimiento de la economía mundial, y una proyección de servicios de deuda que lleguen a 3 puntos del PBI, la carga volvería a ser pesada
Pero el Brexit, la recesión o el conflicto judicial con las tarifas de gas abren nuevas dudas y riesgos sobre las chances de recuperación de la Argentina.
PARADOJAS
Las paradojas de la marcha económica están a la orden del día. Dejando de lado las consecuencias políticas de los reveses judiciales con los amparos, la probable revisión de los cuadros de las tarifas de gas y las reformas con los pagos jubilatorios obliga al Gobierno a corregir sus metas fiscales, en especial a partir del 2017.
En términos sencillos, esto significa opciones de política más estrictas.
El derrotero de la inflación está en primer término. Hoy está en el orden del 2% mensual y podría perforar ese porcentaje en los meses que restan del año.
Pero si el gasto fiscal se amplía, los precios tendrían otra vez combustible para subir. La meta del 17% del año próximo quedaría lejos y la inflación seguiría golpeando a la población.
El costo fiscal de una revisión de tarifas es hoy desconocido, pero existen datos más concretos de la reforma en las jubilaciones.
De acuerdo a un estudio del IERAL, la actualización de los haberes insumiría 37,600 millones de pesos y los pagos retroactivos otros 29,500 millones, adicional a 1,600 millones de la Pensión Universal.
Esto podría cubrirse con los fondos del blanqueo, pero a partir del 2017, la partida de seguridad social tendría un ajuste del 32,2%.
Y dado que un tercio del gasto nacional es previsional, habría ya un piso de 10 puntos de crecimiento presupuestario. ¿Cuánto quedaría para el resto?
POCO MARGEN
Si la decisión oficial fuera la de mantener las metas de reducción del déficit fiscal, quedaría poco margen para estimular la economía por medio de la obra pública, e igual para la paritaria estatal del 2017.
Estaría en el orden del 20% nominal para los dos tercios restante del gasto.
El financiamiento externo podría ayudar a cubrir los desbalances locales, pero el Brexit ha colocado patas arriba otra vez a la economía mundial, y el costo de tomar recursos es muy alto para la Argentina.
Pero si el gasto fiscal se amplía, los precios tendrían otra vez combustible para subir. La meta del 17% del año próximo quedaría lejos y la inflación seguiría golpeando a la población
La perspectiva es que no habrá espacio para que una inflación internacional pueda licuar esas deudas.
Con tasas que no llegan al 2% anual, provincias como Salta han tomado fondos a porcentajes que casi quintuplican esos rendimientos.
Con bajo crecimiento de la economía mundial, y una proyección de servicios de deuda que lleguen a 3 puntos del PBI, la carga volvería a ser pesada.
La coyuntura se presenta buena para la producción del campo y la agroindustria.
Pero no puede ser peor para el resto de la industria, en particular la metalúrgica y la automotriz.
La crisis de Brasil y la escasa competitividad han profundizado la recesión.
El Mercosur ya no ofrece expectativas y la Alianza del Pacífico suena interesante, aunque un ingreso de la Argentina a ese acuerdo obligaría a una reestructuración de gran parte de esta industria.
Cuantas amenazas para un país que ingresa en su tercer centenario de historia y un Gobierno con apenas 7 meses de gestión.
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