A pocas cuadras del corazón comercial de City Bell y sobre el movimiento constante que hay en el camino Centenario, hay un grupo de negocios donde la gente que trabaja ahí se siente desprotegida. Lo perciben así a partir de dos asaltos sucedidos en cinco días, más el antecedente de otros robos en otros locales.
La esquina en cuestión es la de Centenario y 461 E (ex calle Balcarce). El primero de ambos casos fue el martes a la noche, cerca de las 20.15, cuando en una librería estaban por cerrar.
El delincuente llegó hasta ahí aparentemente solo, caminando y a medio camuflar, con una bufanda y un gorro que le tapaban parte de la cara.
“Primero pidió cargarle saldo al celular, y cuando la chica estaba en eso escuchó que había apoyado el arma en el vidrio del mostrador”, relató una compañera de la víctima.
A la empleada le apuntaron con la pistola pero no tuvo que soportar otros maltratos o golpes. Desde luego, no tuvo posibilidad de resistirse. Así accedió a darle al ladrón la plata de lo recaudado en el día, que eran alrededor de tres mil pesos, según le explicaron a EL DIA.
El delincuente salió de ahí en un minuto. Enfiló por el Centenario en sentido opuesto a la estación de Trenes, distante a unas pocas cuadras.
entre parientes
Parecido fue el camino de fuga que recorrió otro asaltante, que el domingo a la mañana entró en un kiosco de la misma esquina.
En esas circunstancias, poco después de las 11, el delincuente entró con el pretexto de pedir cigarrillos fiados.
Otro aspecto parecido que unió a los dos hechos fue que en el kiosco tampoco había gente haciendo compras. Sólo estaba un joven que, después de escuchar al asaltante, vio cómo lo empezaba a amenazar con algo oculto bajo la ropa.
Parecía un arma -o al menos eso le hizo creer al empleado- que escondía cerca de su axila. La víctima tampoco tuvo alternativa y debió entregar el dinero de la recaudación. Además, el ladrón se llevó robados los atados de cigarrillos que al comienzo había pedido fiados. Después salió también a pie y se dirigió por el Centenario, en sentido descendente.
El hecho de que los dos delincuentes hayan escapado en la misma dirección dio para pensar que podrían ser, por lo menos, vecinos de la misma zona.
“Hubo quienes lo vieron al que robó en el kiosco que se iba cayendo en la zona de las vías del tren. No sabemos si estaría borracho o drogado”, comentó un hombre que vive en esa zona.
Otro rumor fuerte respecto de ambos fue que éste último ladrón sería el hijastro del hombre que robó en la librería la semana pasada.
Al margen de esa cuestión, lo que quedó en evidencia fue la preocupación de quienes trabajan en esa zona. “Queremos que haya algún policía fijo por acá, no que solamente pase el patrullero porque eso tampoco soluciona nada”, protestaron en la librería donde ocurrió el segundo de los robos.
Su reclamo tuvo que ver con una situación al parecer dispareja en cuanto a la distribución de la vigilancia pública: “Están todos los policías en Cantilo y acá no hay ninguno”, se lamentaron en ese comercio.
La situación actual se presenta como preocupante y no porque no hayan habido antecedentes: en el kiosco ya habían robado en 2014 y en otro negocio del mismo rubro, también en esa esquina, ocurrieron otros casos más en lo que va de este año. Los asaltos callejeros también son un problema que completa el panorama general.
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