Por
mariano spezzapria
Marcos Peña entró a la sala de conferencias de la Casa Rosada y lo primero que hizo fue servirse agua en un vaso que tenía delante. Luego tomó un sorbo, respiró profundo y arrancó. El jefe de Gabinete tuvo ayer la difícil misión de explicar una nueva revisión del tarifazo del gas, con el objetivo de que el gobierno deje de pagar –al menos el parte- el costo político de esa decisión.
“No había un camino alternativo. Lo otro era mentirle a los argentinos, como se hizo durante tantos años”, dijo Peña y le tiró el fardo al gobierno anterior, que subsidió no solamente la tarifa del gas sino también la de la luz y el agua. Pero ahora desarmar ese paquete representa para la administración de Mauricio Macri “el desafío más grande de este año”, su primero en el poder.
Sin embargo, el daño que sufre la gestión de Cambiemos por esta medida impopular no sería tanto por el aumento en sí mismo –al que ayer fijó un tope del 400% para usuarios residenciales y de 500% para comerciales- sino por las idas y vueltas de su instrumentación, que dejaron flancos abiertos por los que se filtraron los fallos judiciales y ahora obligan a la intervención de la Corte.
De hecho, el máximo tribunal del país emitirá este mismo martes una resolución cuyo contenido se dará a conocer por el Centro de Información Judicial (CIJ) luego de la reunión de acuerdo de los cuatro jueces que ahora integran la Corte. Esos magistrados, con Ricardo Lorenzetti a la cabeza, fueron puestos ayer en autos de la medida que durante la jornada se cocinó en la Casa Rosada.
De todos modos, queda abierta la duda sobre la postura que adoptará la Corte respecto del anuncio del ministro de Energía, Juan José Aranguren, de que las audiencias públicas sobre las tarifas recién se concretarán en octubre, luego del aumento dispuesto desde el primero de abril. “La posición del Estado nacional será o no refrendada por la Justicia”, admitió el funcionario.
Aunque la Corte no fallará sobre la cuestión de fondo hasta después de la feria judicial. El gobierno admitió, a través del ministro Germán Garavano, que algunos fallos provocan “incertidumbre” entre los argentinos, pero aseguró que a partir de la presentación de los recursos extraordinarios –hoy se hará ante la Sala II de la Cámara Federal platense- “los efectos quedarán suspendidos”.
En rigor, la incertidumbre invadió más a la gestión de Cambiemos que a los usuarios, ya que los fallos frenaron aumentos desmedidos, algo que ayer reconoció el propio gobierno cuando decidió revisar la medida, tras una reunión de urgencia entre el presidente Macri, Peña, Aranguren y Alfonso Prat Gay. La mesa se amplió con la presencia de Gabriela Michetti y de Ernesto Sanz.
El ministro Aranguren, que recibe duras críticas de distintos sectores políticos y productivos, recibió el respaldo de Macri y de Peña, quien en medio de la conferencia a la que asistió EL DIA se dirigió al funcionario con el cariñoso apelativo de “Juanjo”.
Tanto, que dirigentes del radicalismo criticaron la forma en que se realizó el tarifazo, lo mismo que Elisa Carrió antes de llamarse a silencio por prescripción médica. Tampoco derrochan sintonía con Aranguren los ministros que reciben quejas cotidianas de gobernadores e intendentes, como Rogelio Frigerio. Pero el propio Macri se mostró ayer como un reaseguro de su amigo Aranguren.
El Presidente llamó a la población a ahorrar energía –quedará para el recuerdo la frase en la que criticó que “se ande en remera y en patas” dentro del hogar en pleno invierno.
Según pudo saber este diario, Peña mantuvo ayer contacto fluido con Sergio Massa. “Escuchamos a los dirigentes políticos y a la misma sociedad”, sostuvo el jefe de Gabinete. Y también lamentó que el bimestre abril-mayo haya sido inusualmente frío.
El factor climático destruyó –literalmente- la fórmula que aplicó Aranguren para recortar los subsidios. Originalmente, el ministro tampoco tuvo en cuenta el impacto sobre los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero ayer se rectificó y propuso extender a 300 mil hogares del Conurbano la “tarifa social”. No es poco para alguien que no está acostumbrado a la política.
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