Si se cumple el guión, la canciller alemana, Angela Merkel (61) y la nueva primera ministra británica, Theresa May (59), con biografías convergentes, tendrán que negociar largas horas en los próximos meses para terminar separando los caminos de sus respectivos países, uno dentro de la Unión Europea (UE) y el otro fuera. Son varias y curiosas las similitudes en los antecedentes de Merkel y May, dos mujeres que todavía no se conocen personalmente pero que pronto entrarán en contacto.
Ambas nacieron en el seno de familias religiosas: el padre de la alemana era pastor protestante, y el de la británica ejercía como vicario anglicano. Ninguna de las dos eligió estudios universitarios que permitieran aventurar sus posteriores carreras políticas, sino que se formaron en la rama de ciencias: Físicas, en el caso de Merkel y Geografía, en el de May. La británica lleva el apellido de su marido Philip May, al que conoció mientras estudiaba en la Universidad de Oxford y con quien se casó hace 36 años; casi a la misma edad se casó Merkel, pero de ese primer y fugaz matrimonio sólo conserva su apellido. Desde 1998, Merkel está casada con el profesor de Química Joachim Sauer, padre de dos hijos de una unión anterior. La canciller alemana no tiene hijos propios, igual que May.
Merkel creció en Alemania Oriental, comenzó su carrera en la conservadora Unión Cristiano Demócrata (CDU) tras la caída del muro de Berlín y apadrinada por el entonces canciller Helmut Köhl, quien en 1991 le dio su primer cargo en un Gobierno, como ministra de Mujer y Juventud. May logró su primera banca en el Parlamento británico en 1997 y se consolidó como dirigente en el Partido Conservador, ocupando varios cargos en gabinetes “en la sombra” hasta que en 2010, con su llegada al poder, David Cameron la nombró ministra de Interior y ministra para la Mujer e Igualdad, cargó que delegó en 2012.
Asentadas en el partido y en sendos momentos de crisis en sus respectivas formaciones, las dos dieron el salto al poder. Mientras que sus críticos les cuestionan a ambas su falta de carisma y su frialdad, sus colaboradores y defensores prefieren destacar su discreción y pragmatismo.
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