El proyecto de ley que contempla duras penas por agresiones contra los docentes tiene, a simple vista, un sano propósito: cuidar a los docentes. Pero genera, inevitablemente, algunas preguntas. ¿Hace falta para ello una ley específica? ¿No se justificaría entonces una ley que también cuide a los médicos, a los policías , a los inspectores de tránsito?
Es cierto: los docentes sufren, en la trinchera cotidiana, una injusta exposición a la ira y la intolerancia que anidan en la sociedad. Pero no están a salvo los médicos y enfermeros de los hospitales, también víctimas frecuentes de agresiones y ataques muy violentos.
¿Habría que impulsar una ley específica para cada sector vulnerable a esta patología social? ¿No alcanza el Código Penal? ¿No habría que proponer, en todo caso, como agravante general el hecho de que la agresión afecte a un servidor público en ejercicio de su función?
Nadie pone en discusión la necesidad de cuidar a los maestros y desalentar cualquier agresión en su contra. Pero no hay que “descuidar” al resto.
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