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Los políticos y la pólvora

Los políticos y la pólvora

Por SERGIO R. PALACIOS (*)

El político es un hombre de Estado. Representa a la sociedad en el ejercicio del Poder, ya que en el “Ágora” hoy no entramos todos los que somos. El sistema puede ser representativo o participativo. Desde ya la tendencia debe ser ir a este último modelo. Pero, en la Argentina desde hace algunos años se ha logrado concretar una tarea que era difícil de imaginar: separar la política de las ideas. De esa forma logramos tener pilotos que para hacer volar al avión, despegar y aterrizar, tienen que llamar a otro. Ellos lo comandan y usan el uniforme de piloto, pero para saber que hay que hacer, dicen: llamemos a un técnico.

No amigos, este juego de separar la política de las políticas, es uno de los elementos de la gran crisis de la Democracia: la decepción de la gente (pueblo) por el incumplimiento de la promesa de una vida mejor. Misma que Raúl Alfonsín definió con aquella perfecta frase “con la democracia se come, se cura y se educa”.

El político que no estudia y así conoce los problemas, no es político. Cree que lo es para justificar su participación en la disputas de palacio. Podrá manejar poder, pero no dominar los problemas y así cumplir con la promesa de la “vida mejor” que el hombre común espera.

En una sociedad con problemas más complejos, la necesidad de políticos que sepan que hay que hacer es imprescindible. He llegado a escuchar: “En lugar de teorizar hay que ocuparse de los problemas concretos” Pregunto: ¿Cómo solucionas lo problemas concretos? ¿Con qué conocimientos los prevenís?

La ciudad de La Plata se inundó. ¿Qué política gobernaba que no veía -o sabía- que eso podía pasar? Sí no entendes lo que significa “cambio climático”, los impactos del desarrollo urbano y del modelo económico, entre otras cosas, ¿cómo ibas a saber que la ciudad estaba en riesgo de recibir semejante lluvia e inundarse?

Obviamente, si el político que está a cargo del avión ningunea el conocimiento sobre cómo y porque vuela un aparato, jamás podrá resolver el dilema de cómo despegar.

Los dirigentes que comandan la política en un partido, estando en el poder o fuera de él, ¿cuánto invierten en la preparación propia y de las jóvenes generaciones?

¿POLITICOS O TECNICOS?

Hagamos un poco de memoria. Hasta 1989, quienes eran ministros y secretarios de Estado, y hasta legisladores? ¿Políticos o técnicos? Los técnicos ejecutan (burocracia), los políticos deciden que hay que hacer. Así funciona en el mundo moderno. Así funcionaba en la Argentina hasta 1989.

Basta buscar cada nombre de miembros de los gobiernos (UCR y peronismo) y descubriremos que se trataba de políticos con altos conocimientos en distintas materias.

El dirigente conducía porque era representativo de la sociedad y con los conocimientos para llevar adelante esa representación. El voto legitima el acceso al poder. El político debe legitimarse luego en el modo en que lo ejerce.

Esto ya no los vemos, salvo situaciones excepcionales.

Cito un trabajo de la politóloga Flavia Freidenberg, experta en temas vinculados a los partidos políticos y su vida interna que dice: “Puede haber elecciones internas para elegir candidatos, pero que el partido continúe siendo oligárquico y cerrado a los militantes de base. Puede ser que un partido integre a subgrupos en sus candidaturas, pero que esos candidatos/as sean elegidos ‘a dedo’, sin una participación efectiva de los militantes. Incluso pueden hacerse elecciones internas para seleccionar candidatos y/o autoridades, pero que sean sólo vehículos de legitimación de decisiones autoritarias y que los militantes no tengan ninguna posibilidad de ejercer control sobre las autoridades partidarias”.

Logramos tener “pilotos” que para hacer despegar, volar y aterrizar un avión tienen que llamar a un “técnico” que sepa como se hace ese trabajo

“La circulación de las elites y la capacidad de renovación de los que trabajan y dirigen el partido son elementos importantes para que haya democracia interna. Por ello, se debe garantizar el uso de mecanismos participativos en la elección de las autoridades como una manera de enfrentar la oligarquización organizativa. Posiblemente, este sea uno de los retos más difíciles de alcanzar. Cualquier político que tenga en sus manos la dirección partidista o el control de recursos de poder dentro de un partido político, no querrá desprenderse de ellos. Es natural que desarrolle actitudes conservadoras con respecto al cambio organizativo. Y, precisamente, el escaso recambio de las autoridades partidistas, la constante reelección de los mismos dirigentes o de miembros vinculados por lazos no burocráticos, son cuestiones que dificultan los niveles de democracia interna, ya que no facilitan la igualdad de oportunidades de los miembros de ascender en la carrera burocrática”.

Esto es conocimiento, resultado de investigaciones de campo de cómo funcionan los partidos en América Latina. No se trata de “física teórica” de Albert Einstein que luego otros físicos y matemáticos lograron verificar en la experimentación.

Uno de los grandes problemas de la política actual es la falta de interpelación o dialogo con sí misma. Hay que entender que “no inventamos la pólvora”.

VIEJA Y NUEVA POLITICA

Desde hace siglos caminan por el mundo tipos bastante más vivos que aquellos que se consideran hábiles para fumar abajo del agua. Todo los que se les ocurra hacer ya hay alguien que les gano de mano en adivinarlos: Platón, Aristóteles, un tal Nicolas Maquievelo hasta S. Freud, y siguen los nombres.

Algo debe cambiar. La vieja política irrepresentativa (lo dice gran parte de la sociedad) es en realidad la nueva política que convierte a la democracia en “simulacro” desde 1989. La vieja política de los viejos políticos –en la UCR; socialismos, peronismo, conservadores- es la que las nuevas generaciones deben recuperar en cada espacio. ¿Quién en el futuro va a hacer homenajes a los que estamos ahora? ¿Qué logro a favor de la democracia y la sociedad deberán citar?

Tal vez la reforma política -hoy en elaboración- asegure transparencia y mayor igualdad para participar dentro de los partidos, y eso si pueda constituirse en un logro que merezca ser evocado. Veremos hasta donde se tiene la audacia de avanzar en una Democracia más participativa y transparente. La política con ideas y participación (porque las reglas lo garantizan, no porque el dirigente lo permite) nos acercará más a un espacio donde la libertad e igualdad sea posible para todos.

(*) Profesor de Economía Política (UNLP)

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