El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, dijo hoy "sigo siendo el comandante en Jefe del Estado turco", "los golpistas van a pagar muy caro" y pidió a los ciudadanos que salgan a las calles a defender la democracia, via Facetime, una aplicación para celulares, según imágenes transmitidas por el canal de televisión privado CNN Turk.
Al pedido del primer mandatario se unió el repudio de casi todo el arco político turco. Tres partidos de la oposición condenaron el intento de golpe de estado por parte del ejército que esta tarde dejó un saldo de 15 policías fallecidos. Los espacios políticos turcos del país eurasiático manifestaron su repudio en un comunicado.
"Este país ha sufrido mucho por golpes (militares). No necesitamos que estos problemas se repitan", dijo el líder del principal agrupamiento opositor, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), Kemal Kiliçdaroglu, en el comunicado que difundió la agencia de noticias EFE. Subrayó que el CHP va a proteger la república y la democracia de Turquía al decir: "debe saberse que el CHP depende plenamente sobre la libre voluntad del pueblo como parte indispensable de nuestra democracia parlamentaria".
El partido pro kurdo HDP se manifestó también en contra del golpe. "Como una cuestión de principios y bajo cualquier circunstancia el HDP se opone a cualquier tipo de golpe", planteó en su cuenta de Twitter. Por su parte, el líder del también opositor Movimiento Nacionalista (MHP), Devlet Bahçeli, llamó esta noche por teléfono al primer ministro, Binali Yildirim. Según informa el diario Hürriyet en su versión electrónica, el líder del MHP le mostró el apoyo de su partido a la democracia y la libre voluntad del pueblo.
ERDOGAN: DE LA VENTA CALLEJERA A LA ASPIRACIÓN DE RETORNAR A UNA TURQUÍA ISLAMIZANTE
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, un "self made man" de modesto origen en una familia musulmana practicante, tiene 62 años y dirige el país desde 2003. Oriundo de Rize, en la costa del Mar Negro, donde pasó parte de su infancia, el joven Tayyip -bajo este nombre le conocen simpatizantes y detractores- ganaba algo de dinero como vendedor callejero en Estambul antes de ingresar en un colegio superior islamista. Mientras estudiaba la carrera de Administración y Economía, Erdogan jugaba al fútbol como semiprofesional y empezó a participar en la política en grupos anticomunistas.
Con 22 años ya tuvo cargos locales en el Partido de Salvación Nacional, del carismático islamista turco Necmettin Erbakan, durante las siguientes décadas su mentor y jefe de partido en una formación reiteradamente prohibida y refundada con nuevos nombres. Elegido alcalde de Estambul con 40 años, Erdogan se labró una fama de gestor serio y eficaz y en lugar de imponer leyes islamistas acordes con la ideología de su partido, se dedicó a modernizar las canalizaciones, la recogida de basuras, las infraestructuras y el transporte público en una megalópolis -actualmente supera los 13 millones de habitantes- que sufría atascos crónicos.
En 1999, Erdogan tuvo que cumplir 4 meses de cárcel por haber recitado un poema en el que comparaba los minaretes de las mezquitas con bayonetas y las cúpulas con yelmos, en un país que, desde los tiempos del refundador Kemal Atatürk, toma a las Fuerzas Armadas y el laicismo como la columna vertebral de la vida democrática. El poema contenía la ominosa frase "la democracia es solo un tren al que subimos hasta que llegamos a nuestro destino"... un ataque contra los fundamentos laicos de Turquía, sentenció entonces el tribunal.
Pero la sentencia, junto con la prohibición de ejercer cargos públicos, no puso fin a la carrera de Erdogan sino que la relanzó: dos años más tarde se separó de Erbakan, aglutinó el ala islamista reformadora, fundó el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) y ganó las elecciones de 2002. Durante el primer lustro en el poder, incluso numerosos intelectuales laicos alababan la apertura de este político al que consideraban meramente un "conservador" capaz de reducir el poder del hasta entonces omnipotente Ejército.
Pero en los últimos años, sus política han incidido cada vez más en detalles de "moral pública", y su filiación política en la Hermandad Musulmana (organización islamista conservadora de origen egipcio que en varias oportunidades recurrió a la violencia para llegar al poder) empezó a hacerse notar con creciente fuerza.
En este sentido, permitió a las mujeres llevar el pañuelo islámico en cargos públicos, anunció cruzadas contra el consumo -legal- de alcohol, comparó el aborto -legal también- a una "masacre", pidió que cada mujer tuviera un mínimo de tres hijos e incluso anunció que prohibiría que jóvenes de ambos sexos compartieran un departamento. Su estilo cada vez más autoritario y conservador, además de la desatada especulación en la tierra urbana que lo acompañaron, provocaron las protestas del parque Gezi en el verano de 2013, encabezadas por jóvenes que Erdogan tildó de "izquierdistas, ateos y terroristas".
Sus diatribas polarizadoras, que establecen un "nosotros", islámico y patriota, contra un "ellos, traidores", le dieron rédito: su partido -cada vez más se confunden las siglas AKP y las iniciales de Recep Tayyip Erdogan- ganó con un holgado 43% las elecciones locales- Pero desde que consiguió, el año pasado, renovar su mayoría absoluta en el Parlamento, lanzó, a través de aliados, una propuesta para reformar la Constitución, una iniciativa que muchos analistas y opositores vieron como una posibilidad para cambiar el carácter laico del Estado turco, uno de los pilares que más defienden las FFAA en ese país.
En los últimos dos años, Erdogan interrupió la negociación con los kurdos de Turquía, declaró la guerra al PKK ─partido que lucha por la autonomía del Kurdistán turco sin romper la unidad del Estado─, tuvo una activa y controvertida intromisión en la guerra siria desde el principio, ingresó en la coalición internacional contra el Estado Islámico, y derribó en enero un caza ruso en Siria. Todos estos acontecimientos fueron llevando a Turquía a un tembladeral que, además de la tenaz negativa del AKP en el poder a modificar en sentido democratizador las leyes de Turquía, terminaron llevando a punto muerto la alguna vez ansiada integración a la Unión Europea.
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