La protesta de ayer quedará sometida a distintas evaluaciones. Se dirá que fue el primer cacerolazo contra el gobierno de Macri, a seis meses de haber asumido. Se dirá que no tuvo la contundencia que alcanzaron otras protestas sociales con este mismo formato. Se apuntará que en las movilizaciones había un fuerte componente de “aparato” político. Pero también se señalará que hubo adhesión espontánea de ciudadanos sin banderías. En muchos barrios se escucharon alrededor de las 20 bocinazos intensos: era una forma de sumarse a la protesta.
Habrá distintas miradas, evaluaciones contrapuestas y análisis de tono depsarejo. Pero un dato es cierto: el malestar por el tarifazo -sobre todo el del gas- es un dato social y político de primer orden. Y es probable que la preocupación aumente, porque todavía no han llegado las facturas del periodo más crudo del invierno.
Los cuestionamientos contra el tarifazo transitaban, hasta ahora, por los carriles de la Justicia. Ayer hubo una primera señal de que también puede instalarse en las calles, con ese formato inquietante de los cacerolazos y los bocinazos.
SUSCRIBITE a esta promo especial