El 9 de marzo de 2013 Juan Pedro Tuculet y un amigo salieron de una fiesta en Villa Elisa para ir a comprar gaseosas a la estación de servicio de Arana y Belgrano, en un Fiat Uno blanco. Allí los abordaron tres hombres que iban en un Fiat Duna bordó. Uno se bajó y pateó la puerta del coche que conducía Juan, quien huyó del lugar creyendo que querían asaltarlos. Los hermanos Matías y Pablo Arriarán los siguieron en el Duna, se pusieron a la par del Uno y el menor de los Arriarán disparó con un revólver calibre 22 que hirió de muerte a Tuculet. En 2014 los condenaron a 19 y 20 años de prisión.
“No tenían la misma realidad que los chicos de los institutos. A ellos (por los asesinos de Juan Pedro) los vi con trabajo, con familia, con vivienda, con una cama caliente y eligieron ser asesinos. No es lo mismo que la persona que no le diste otra chance y cometió un error”, dice Gastón. Para ellos pretende que “cumplan su condena, que salgan cuando tengan que salir y, si algún día se transforman en gente, la mochila la tendrán ellos. Yo no”.
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