“Ricardo Mollo me decía cuando tocó en el show: ‘¿Te diste cuenta ahora el legado que dejamos, te diste cuenta de lo que éramos en la gente?’. Y la verdad que sí”, reconoce Petti, “en especial la última vez: se cortó la luz cuatro veces y la gente se quedó a cantar a capella, sin banda, y conmigo tocando el saxofón”.
“Es una banda de rock que será eterna, claramente eterna. Yo escucho los temas hoy y me parece que nunca existieron antes. Es la mejor banda que dio este país en contenido, potencia, claridad, onda, rodo”, agrega Pettinato, para quien Sumo es “lo único a lo que pertenezco”, un sentimiento que comparte con millones de argentinos que crecieron con el sonido de aquella banda diferente a todo.
Las bandas de hoy, sin embargo, están para Pettinato en la antítesis de aquel riesgo constante que tomaba Sumo: “El rock hoy son canciones de cuna que abandonó Calamaro y los demás grupos las recogieron del tacho de basura. Andrés es un grande en lo suyo, pero los demás dijeron ‘nosotros también podemos hacer esos temas’ y todo se masificó y se amansó”.
“Una lástima, pero no me molesta ni me quita el sueño. No me importa”, afirma, feroz, y agrega el golpe de gracia: “Si quieren ser salidos de una lata de atún o de una caja de Corn Flakes que venga con un tigre de juguete pintado… que lo hagan. Yo vengo de Sumo. De la jungla del poder”.
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