Por FERNANDO VALDIVIA*
Animarse a saber comprar de manera inteligente, sin gastar demás y aprovechando las ventajas de frescura y precio que nos da la estacionalidad de muchos productos. Animarse a usar la tecnología para buscar recetas y experiencias de cocina que otros (expertos o no) están dispuestos a compartir con nosotros en las distintas redes. Animarse a tocar las materias primas, a trabajarlas con las propias manos, a disfrutar de los olores y texturas. Animarse a socializar, a estar con otros: cocinar es un acto social, no importa si cocinamos para nosotros mismos o si lo hacemos para otros. La cocina es un hecho social, y en cada historia personal hay cientos de anécdotas ocurridas en torno de una mesa.
Allí se decidieron guerras y treguas; crecimos junto a nuestros hermanos y amigos; conocimos amores y nos desenamoramos; reímos y lloramos. Alrededor de una mesa pasaron cosas determinantes en la vida de nuestra especie. Y es animarse a explorar: hoy está en auge la exploración de cocinas étnicas, por ejemplo, que implica el uso de insumos que antes llamábamos exóticos y hoy se encuentran en cualquier lado. Esos nuevos olores, texturas y sabores son los ingredientes centrales para que el placer de la cocina no tenga fin ¡Nadie debería aburrirse conociendo alimentos, cocinando o probando nuevos platos!
* Autor de “La revolución de la alimentación inteligente” y director de The Food Planner.
SUSCRIBITE a esta promo especial