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El yihadista que espiaba para la CIA

Por Redacción

En “Mi vida con Al Qaeda” el danés Morten Storm cuenta -a través de los periodistas Paul Cruickshank y Tim Lister- su experiencia como devoto del islam y luego, en un cambio drástico y digno de ser contado, como doble agente secreto para la CIA. Una especie de Homeland guionada por los hermanos Coen

Me senté en mi Hyundai gris mirando hacia la oscuridad líquida, exhausto e inquieto. Exhausto porque el día había empezado para mí antes del amanecer en Saná, la capital de Yemen, unos 320 kilómetros al noroeste. Inquieto porque no sabía quiénes iban a venir a buscarme o cuándo llegarían. ¿Me saludarían como a un camarada o me capturarían como a un traidor? [...]

Morten Storm siempre fue un yihadista muy difícil de clasificar. Danés, pelirrojo y de metro ochenta y cinco de altura, pasó su adolescencia metiéndose en líos con su banda de motoqueros y entrando y saliendo de la cárcel. Hasta que un día leyó un libro sobre Mahoma que le cautivó y, como tantos jóvenes europeos frustrados por las miserias de occidente, se embarcó en una metamorfosis que lo llevaría a una escuela de yihadistas en Yemen, a llamar a su hijo Osama -en homenaje a Bin Laden- y a convertirse en amigo personal de Anuar al-Aulaki, el rostro más conocido de Al Qaeda en la península arábiga.

Durante diez años, Storm buscó darle sentido a su vida a través del salafismo más radical. Luego, tan rápido como había venido, su fe se diluyó y Morten se dejó seducir por las agencias de espionaje más importantes del mundo, muy interesadas en su red de contactos y en la incontables posibilidades que este yihadista poco convencional les ofrecía. Así fue como acabó trabajando para los servicios secretos daneses, el MI5 y la CIA, en misiones de altos vuelos en las que durante cinco años se jugó la vida. Todas con un solo objetivo final: acabar con al-Aulaki.

Escrito por los periodistas Paul Cruickshank y Tim Lister, el libro se convirtió en un éxito de ventas en todo el mundo y Argentina no fue la excepción. Su protagonista, ya alejado del mundo del recontra espionaje y comprometido ahora a las presentaciones literarias, señala que el actual conflicto en Medio Oriente, en particular en Siria e Irak (uno de cuyos actores principales es el EI), “no es una simple guerra regional sino una guerra por nuestra supervivencia”.

Storm, de 39 años, relata su experiencia personal y la espiral en la que se ve inmerso desde que a los 16 años es un muchacho desarraigado (”un pollo sin cabeza”, dice) que se integra en una pandilla de motociclistas en Dinamarca, hasta que se convierte al islam, se fanatiza y termina militando en Al Qaeda, de donde sería reclutado por la CIA.

Storm afirma que, desde el punto de vista programático y de actuación, “el EI es un enemigo muy honesto. Por sus creencias y por sus acciones se limitan a seguir su doctrina”, basada en una interpretación extrema del rigorismo islámico, y, en consecuencia, “a ejecutarla”.

El danés se muestra muy crítico con los políticos occidentales, a los que califica de “cobardes” a la hora de abordar el combate al yihadismo. “Tenemos unos líderes cobardes, que no tienen ni idea de este problema ni saben cómo abordarlo”.

En opinión del exyihadista danés, “el EI cree en sus valores, en aquello que defiende y por lo que mata. Nosotros no creemos en los nuestros, de ahí la dificultad de abordar esta lucha, incluso también en el terreno de la propaganda”. Por ello, subraya, no es cierto cuando se afirma que el EI dispone exclusivamente de 50.000 combatientes, sino que “está controlando a millones; cuenta con millones de potenciales combatientes”.

Storm destaca un aspecto que, en su opinión, muchas veces se difumina en occidente, como es el del apoyo con que cuenta el Estado Islámico en las zonas bajo su control, suscitado por una mezcla de desconocimiento del exterior, pobreza y odio hacia aquellos que las atacan y bombardean indiscriminadamente.

En este sentido indica que “la gente apoya al EI en las zonas bajo su control. Si no fuera así, el EI no estaría allí; para las gentes de esas zonas, su presencia es como una liberación, no es un mero grupo violento y expeditivo”. Ello se explica, según Storm, porque, además de las imágenes de terror con todo tipo de castigos corporales y ejecuciones perfectamente grabadas y distribuidas por la red, el Estado Islámico responde de modo coherente a su denominación y también establece una estructura (o superestructura) estatal, en la que no faltan los servicios asistenciales.

Retomando el significado literal de la palabra “Islam” (Sumisión a Dios) Storm afirma que, en la actualidad, la corriente principal del islam es política (un aspecto por otro lado inherente a esta religión). De este modo, “no se puede cuestionar nada. Uno tiene que ser sumiso. En mi opinión, y con lo que sé después de lo que he vivido, el islam, más que una religión, es una ideología totalitaria en la que se ha producido una deriva radical que pone en peligro a las corrientes islámicas moderadas, así como a otras minorías (como los yazidíes, entre otros) a los que el EI va a exterminar”.

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