En el paisaje universitario, la duración promedio de las carreras se ubica entre los 8 y los 9 años. El índice de egreso es de 2 graduados cada 10 inscriptos el mismo año. La deserción desde que comienzan los cursos de ingreso hasta 2º año alcanza el 50%. Faltan docentes con dedicación exclusiva. La mayoría de jóvenes se anota en una carrera “a tientas”. Y el “nuevo perfil de universitario” describe a un chico para el cual el estudio no es la actividad principal.
Pero en ese paisaje pintado por políticas erráticas y una total falta de articulación entre niveles educativos, hay muchos alumnos y graduados lisa y llanamente brillantes. ¿Hay en la UNLP un programa destinado a retenerlos, potenciarlos, aprovecharlos en el mejor sentido? La respuesta la brindan altas fuentes de la casa de estudios superiores platense: “No. La Universidad no tiene institucionalizado un programa específico para egresados precoces o destacados”.
Hay becas de posgrado o de estímulo a las vocaciones científicas a las que tienen acceso. Pero ello cae de maduro. Pues para acceder a esas becas -en esta universidad y en todas- el tiempo de carrera y el promedio ayudan en forma natural y lógica.
El resto, corre por cuenta de cada facultad.
En los últimos días fue noticia nacional Joaquín Badoza, luego de que este diario publicara que a los 20 años y tras sólo 2 y medio de carrera se graduó como abogado.
Comenta que el hecho de recibirse rápido en si mismo no es lo que le abrió caminos, sino “la repercusión del caso, ya que tuve algunas propuestas laborales”. ¿De dónde? Del Municipio platense, de un estudio de abogados y alguna que quizás no reveló.
Joaquín afirma que siempre supo que quiso estudiar Derecho y que al empezar la carrera confirmó cuánto le “apasionaba el mundo jurídico”.
En 2006 y luego de tres años y medio en las aulas de la facultad, María Eugenia Grunfeld obtuvo el título de abogada. No sólo estaba convencida de seguir esa carrera, sino que la empezó con el fin de entrar al Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), aunque en el “durante” comprobó que le gustaba “más el derecho administrativo que las relaciones internacionales”.
Eugenia, quien se recibió a los 21, admite que planificó una carrera rápida. “Me lo propuse antes, de hecho tenía un cuadro con las correlatividades y las materias que rendiría en cada mes”, comenta.
Hoy coincide con su flamante colega en que el tiempo no tiene un valor en si mismo, pero subraya que su recorrido la ayudó a comprobar que “si uno se propone algo y se esfuerza, las cosas salen. Eso, en mi ejercicio profesional, me sirvió muchísimo”.
Trabajó en el ministerio del Interior primero y luego en el de Justicia y Derechos Humanos, donde lleva 8 años y medio y es especialista en cuestiones relativas al servicio penitenciario federal.
“NI IDEA”
“Los chicos suelen venir luego del viaje de fin de curso, y no sólo no saben en qué carrera anotarse sino que no tienen idea de qué área de estudio les interesa. En los 3 meses que les restan para inscribirse en la Universidad, se puede hacer poco y nada. Y casi siempre decantan por las disciplinas tradicionales”, contó hace un tiempo la directora del Centro de Orientación Vocacional Ocupacional de la UNLP, Teresita Chá.
¿Cuánto podrían aportar Joaquín y Eugenia -desde la casa de altos estudios- a los miles de jóvenes que año tras año y desde “siempre” se inscriben en Derecho sin saber bien de qué se trata? ¿Cuánto podrían aportar ellos, que sabían lo que querían y lo consiguieron porque “se lo propusieron e hicieron el esfuerzo”? Muchísimo.
vocaciones cientificas
Eugenia y Joaquín reconocen que la posibilidad de acortar la carrera se dio por sus características (cursadas libres).
Sin esa oportunidad, graduarse en Química, Matemática, Medicina y tantas otras, en tiempo y forma y con promedios entre 9 y 10 es, al menos, equivalente.
“Cuando comencé a estudiar en la facultad de Ciencias Exactas, impulsada por la fuerte formación en ese tipo de disciplinas que había recibido en la escuela secundaria de mi Tandil natal, me inscribí en la licenciatura en Biotecnología y Biología Molecular. Como los 2 primeros años son comunes a muchas carreras, tuve que decidir por una recién al comenzar 3º (quinto semestre). En el cuarto semestre cursé una materia que me marcó, Fisicoquímica I, y ahí me di cuenta de que quería estudiar eso. Entonces comencé tercer año como alumna de la licenciatura en Química”, relata Antonela Cánneva.
Se recibió en 5 años, a los 23, con 9,23 de promedio. Hoy tiene 28, es doctora en Ciencias Exactas y el 1º de abril último comenzó su formación posdoctoral en el marco de una beca cofinanciada por el Conicet e YPF-Tecnología (Y-TEC), donde trabaja “realizando tareas de investigación en desarrollo tecnológico, es decir, en ciencia aplicada”, explica.
María Eugenia Cejas se graduó como licenciada en Matemática en 5 años (a los 23) con promedio 10. Fue mejor egresada de toda la UNLP en 2011 junto a Joaquín Rodrígues Jacinto, también matemático.
Cuando se recibió, Eugenia Cejas fue premiada por la Universidad con “un pasaje” a España para poder “ir a realizar un trimestre de investigación en mi área”, señala.
Ahora tiene 27 y está en Bilbao, País Vasco, “finalizando el doctorado, haciendo una estancia de investigación con un profesor muy reconocido en mi campo. Si todo sale bien defiendo la tesis a fin de año, cuando vuelva”. Y en el horizonte cercano está “aplicando” a una beca posdoctoral para el 2017.
“me lleve matematica”
¿Y la escuela? “No me gustaba ir al colegio. No era una alumna destacada, para nada. De hecho me llevé filosofía a diciembre y desaprobé exámenes de matemática e historia, entre otras materias. Pero matemática me gustaba y me anoté en la carrera. Cuando empecé me di cuenta que no tenía nada pero nada que ver con lo que conocía. Ni bien arranqué creí que no iba a aprobar ni el primer examen, pero después me di cuenta que estudiando se aprueba; es cuestión de constancia”, remarca.
Pablo Gulayin egresó de la facultad de Medicina en 2008 con medalla de oro. Hizo la carrera en 6 años -cuando duraba 7- junto a su compañero Federico Fernández Molina.
Inició un recorrido brillante. “Realicé mi residencia en cardiología en el Hospital San Juan de Dios. Al terminar, roté en el servicio de cardiología nuclear del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, España. Luego cursé la maestría en Efectividad Clínica y Sanitaria de la UBA y posteriormente inicié mi doctorado en un programa entre la UBA y la Universidad de Harvard”, cuenta. Es apenas una pequeña parte de su currículum vitae.
¿Cuánto tienen para aportar -des de la UNLP- los “gulayin, cánneva, cejas”, a los miles de chicos que no se vuelcan a la ciencia por prejuicios y temores? Todo. ¿Cuándo los convocarán? No sabe, no contesta.
“El 1º de abril pasado comencé mi formación posdoctoral en el marco de una beca cofinanciada por el Conicet e YPF-Tecnología (Y-TEC)”
Antonela Canneva
28 años. A los 21 ya era Lic. Química. Es Dra. en Cs. Exactas
“No me privé de nada por hacer la carrera en tan poco tiempo. Hice todo lo que hacía un universitario en ese momento. Incluso salía cuando tenía parciales cerca”
Eugenia Grunfeld
Abogada. Se recibió en 3 años y medio
“Soy hijo de la educación pública. Debemos apoyarla e invertir en ella, porque ahí reside una de nuestras mayores esperanzas (...) A la medicina siempre la vi como el fuerte puente entre la ciencia y lo humanístico”
Pablo Gulayin
Médico cardiólogo becado por la Univ. de Harvard
“Ni bien arranqué la carrera creí que no iba a aprobar ni el primer examen, no tenía nada que ver con lo que había visto en la escuela. Pero después me di cuenta de que estudiando se aprueba. Es cuestión de constancia”
Eugenia Cejas
Se graduó de Lic. Matemática en 5 años. Promedio: 10
“Siempre supe que quería estudiar Derecho. Desde chico, en el colegio, era de los que siempre cuestionaban las cosas con las que no estaba de acuerdo”
Joaquin Badoza
20 años. Se graduó como abogado en dos años y medio
SUSCRIBITE a esta promo especial