JOSÉ ALBERTO MAINETTI
Titular de la cátedra de Bioética dela Facultad de Medicina de la UNLP
Desde Hipócrates hasta hoy, la función de la medicina ha sido la de prevenir y curar la enfermedad, lo que le otorga una legitimidad moral que quizás no tenga ninguna otra profesión, ya que no hay duda de la enfermedad es algo malo y la salud es el ideal.
Si bien la genómica, con todas sus nuevas posibilidades, refuerza esas dos funciones clásicas, introduce a su vez una tercera: la de predecir. Y es que en la medida en que los análisis genéticos permiten determinar el grado de riesgo que una persona tiene a desarrollar tal o cual patologia, la medicina también está prediciendo en cierto modo la enfermedad, lo que la pone ante un dilema ético dificil de resolver.
Ese problema, que podría llamarse Complejo de Tiresias (por el adivino ciego que aconseja a Edipo no indagar más por el asesino de su padre, que resulta ser él mismo) parte del hecho de que poder predecir no implica necesariamente poder curar. De hecho, muchas de las enfermedades cuyo riesgo de desarrollo hoy puede ser previsto con un análisis genético no tienen cura. ¿Qué hacemos entonces con eso? ¿Conviene o no saber? Quizá la respuesta la tenga que buscar cada quien en su interior.
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