Europa está cionvulsionada. Hace pocas semanas amaneció con la decisión de Gran Bretaña de separarse de la Unión. Después vino el horror de Niza y, pocas horas más tarde, el sangriento intento de Golpe en Turquía.
“Noches negras”, se titulaba ayer una columna del diario español El País escrita por Lluís Bassets. Aludía a esta sucesión de hechos trágicos e impactantes.
“Pasan muchas y trascendentes cosas en muy poco tiempo, signo evidente de un acelerón de la historia. Y pasan en tres países que son piezas fundamentales del orden europeo de los últimos 70 años. De todas ellas podemos extraer ideas positivas, aunque es difícil que compensen los aspectos más negros de estos coletazos de la historia, como son la pesada factura que se cobran en vidas humanas”, escribe el columnista.
“Hoy ya no toca hablar del Brexit, aunque es obligado recordar a Jo Cox, la diputada laborista tiroteada y apuñalada. Incluso el más pacífico y civilizado de estos hechos trascendentes de este verano (europeo) ha dejado su huella de sangre y de dolor. Nada comparable con la hecatombe humana de Niza o con el balance de víctimas civiles y militares que todavía tardaremos en conocer con precisión del golpe contra Erdogan”, apunta.
Turquía es socio en la OTAN, candidato a ingresar en la UE y país seguro para la devolución de refugiados según el acuerdo firmado con la UE. Es un aliado imprescindible para terminar con el Estado Islámico y también para alcanzar la paz entre todas las partes en Siria. Es todavía, a pesar de los esfuerzos de Erdogan en sentido contrario, una referencia para quienes quieren hacer compatible el islamismo político con la democracia representativa.
“Nada bueno podía salir del golpe militar, que sólo habría triunfado con un inmenso baño de sangre, de dimensiones mucho mayores del que ya ha sufrido Turquía con esta noche guerracivilista. Pero no es seguro que sea la democracia la que salga reforzada, sino más bien los instintos autocráticos de Erdogan, más endiosado ahora tras pasar por la prueba de la supervivencia a un golpe militar. Probablemente será un socio y aliado todavía más temible en sus exigencias”, señala la columna de El País.
Y concluye: “A pesar de todo, siempre es un alivio que triunfen los manifestantes desarmados frente a los tanques y blindados, los teléfonos móviles frente a las televisiones ocupadas por militares, las instituciones y el Estado de derecho -por frágil que sea-sobre los galones militares”.
Europa duerme intranquila.
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