Charles-Édouard Jeanneret, más conocido como Le Corbusier, arquitecto francés de origen suizo fue, junto a Walter Gropius, el principal protagonista del renacimiento arquitectónico internacional del siglo XX. Además de ser uno de los más grandes renovadores de la arquitectura moderna, fue un incansable agitador cultural, labor que ejerció con pasión a lo largo de toda su vida.
Aportó un caudal de ideas innovadoras que han hecho que su obra influya decisivamente en la arquitectura posterior.
Con una formación tan sólo artesanal, construyó su primera casa a los diecisiete años. Aprendió después con los mejores arquitectos de su época: Joseff Hoffmann, Auguste Perret y Peter Behrens.
En 1919 fundó con Amadée Ozenfant el purismo, una derivación del cubismo. También había creado una revista, L’Esprit Nouveau, desde la que fustigaba los dictados de una tradición anquilosada y obsoleta.
La utopía de Le Corbusier fue crear una nueva realidad urbana, una ciudad que fuera una síntesis entre naturaleza y desarrollo tecnológico.
Realizó planes urbanísticos para muchas ciudades: París (1925), Argel (1931), Barcelona (1932), Estocolmo (1933), o Saint Dié (1945).
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