La Casa Curutchet es, desde el domingo pasado, el décimo sitio de la Argentina distinguido por la Unesco como Patrimonio Mundial.
Considerados, tras la declaración, de “valor universal excepcional”, dentro del catálogo argentino se encuentran: el Parque Nacional Los Glaciares, las Misiones Jesuíticas Guaraníes, la Manzana Jesuítica de Córdoba, Parque Nacional Iguazú, Parque Nacional Ischigualasto y Talampaya, Península Valdés, Cueva de las Manos, Quebrada de Humahuaca, y Qhapac Ñan, sistema vial andino.
Además, se incluyen dos bienes inmateriales, como lo son el tango (2009), que se comparte con Uruguay, y la técnica porteña del fileteado (2015).
Según determinaron los Estados miembro que integran la Unesco, cada Patrimonio de la Humanidad pertenece al país en el que se localiza, pero se considera de interés de la comunidad internacional y debe ser preservado para las futuras generaciones.
El organismo de Naciones Unidas no se hace cargo del mantenimiento de los bienes distinguidos, pero cuando un sitio de la lista de patrimonio universal se ve amenazado o se inscribe dentro del “Patrimonio Mundial en Peligro” puede movilizar recursos internacionales que permitan tomar medidas urgentes para su preservación.
Si bien la Unesco no aporta fondos para el mantenimiento del bien reconocido, es muy exigente en el seguimiento de las condiciones en que se encuentra un sitio de la Lista de Patrimonio Mundial.
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