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La evolución de la vida a partir de diminutos “vampiros”

En el Gran Cañón del Colorado hallaron diminutos fósiles de importantes organismos unicelulares

Por Redacción

Especial para EL DIA
de National Geographic

Los cuerpos de las víctimas tienen aproximadamente 750 millones de años. La autopsia de sus restos fosilizados dan cuenta de muertes macabras. Son organismos unicelulares, descubiertos en los arrecifes del Gran Cañón, y están cubiertos por pequeños agujeros, signos indiscutibles de vampirescos ataques microscópicos de depredadores que les perforaron la piel y se comieron sus entrañas pedazo por pedazo.

“Son organismos pequeños y astutos”, cuenta Susannah Porter, paleontóloga de la Universidad de California que recientemente publicó un estudio post mortem del banquete microbiano en Proceedings of the Royal Society. Identificó cuatro tipos de heridas, lo que sugiere que en los jóvenes océanos de la Tierra habitaban muchas especies de minivampiros.

Lo importante para Porter es el momento de los ataques. Los vampiros estuvieron al acecho durante una era en que la vida en el planeta experimentaba un rápido cambio. Tras mil millones de años de poca evolución finalmente empezaban a surgir nuevas especies.

Porter cree que lo que impulsó esto fue el surgimiento de minivampiros y otros tipos de predadores que desataron una carrera armamentista evolutiva que hizo que la vida se diversificara para sobrevivir a la masacre.

Algunas criaturas, por ejemplo, desarrollaron esqueletos biominerales duros y caparazones como armaduras, mientras que otros sintieron seguridad amontonándose y formando colonias que se convirtieron en primitivos organismos multicelulares, precursores de las variadas y complejas formas de vida actuales.

Si Porter está en lo cierto, les debemos nuestra existencia a los pequeños vampiros que dieron origen a una era en que la vida en la Tierra pasó de plácida a brutal.

Los protagonistas de esta historia son los eucariontes, complejos organismos unicelulares antepasados de las células de animales, plantas y hongos.

Aparecieron alrededor de 1.800 millones de años atrás, y eran actores menores en el ecosistema oceánico, donde las formas de vida dominantes eran bacterias simples unicelulares llamadas procariotas, que carecían de un núcleo distintivo y otras estructuras típicas de la célula moderna.

Así siguió todo por mil millones de años. Las eucariontes comían bacterias y se reproducían creando más eucariontes que hacían lo mismo a lo largo de milenios. Pero finalmente las cosas se pusieron interesantes. “Hace 800 millones de años, quizás un poco antes, los eucariontes se diversifican y se vuelven más importantes en el planeta. Vemos innovaciones, como la biomineralización (estructuras esqueléticas duras) y formas multicelulares”, agrega Porter.

EVOLUCION

No se sabe por qué la evolución se aceleró en ese tiempo. Algunos creen que el aumento de los niveles de oxígeno de los océanos dio lugar al surgimiento de organismos más complejos cuyos metabolismos requerían más energía. Sin embargo, estudios recientes sugieren que algunos animales necesitan menos oxígeno de lo que se creía para funcionar. Y el registro fósil indica que la diversificación de los eucariontes comenzó antes de la oxigenación. Para Porter, el cambio ocurrió cuando nuevas especies de eucariontes empezaron a desarrollar un gusto por otros eucariontes.

“Pudo haber sido un tema de densidad. Si abundan los eucariontes cada vez más, tiene sentido que evolucione algo que se los coma”, arriesga la científica.

Y también tiene sentido en perspectiva. “Hay estudios que indican que los predadores son útiles para mantener la diversidad en los niveles más bajos de la cadena alimenticia”. Y pueden desatar una carrera armamentista evolutiva, ya que tanto cazador como presa desarrollan nuevos rasgos en una lucha constante por estar un paso delante.

¿Pero cómo se puede probar que realmente existieron predadores en miniatura hace 800 millones de años? El microfósil de un voraz eucarionte no tiene precisamente las características distintivas de, digamos, un Tyrannosaurus rex o un tigre diente de sable.

Una de las estrategias consiste en inferir la existencia de predadores observando la presa. Porter menciona el fósil de un organismo unicelular encontrado en la región de Yukon, que estaba rodeado escamas tipo armadura cubiertas por púas. Esa pudo haber sido una buena defensa contra predadores que se alimentaban con eucariontes menores.

Y aunque los microfósiles no dejan huesos roídos para que los descubran los paleobiólogos, sí quedan los cuerpos disecados de eucariontes cuyas blandas entrañas fueron digeridas por vampiros.

La ventaja de este método de caza es que los predadores no necesitaban ser más grandes que sus presas. Muy probablemente se hayan alimentado tal como lo hacen algunos vampiros unicelulares modernos conocidos como vampyrellid maoebae. Se tragan parcialmente a sus víctimas y usan enzimas para disolver parte de la pared celular. Luego, forman un brazo temporario, llamado pseudópodo, y lo extienden dentro del agujero, de donde extraen trozos de citoplasma y lo consumen.

Las víctimas quedan con marcas del orificio por donde penetraron los vampiros. Mientras examinaba los microfósiles, Porter descubrió heridas circulares de varios tamaños. Algunas tienen medio micrón de diámetro, mientras que otras miden uno o dos micrones y hasta 30 micrones. También descubrió un cuarto tipo de herida en forma de medialuna. Los distintos tamaños de las heridas reflejan diferentes especies de pequeños vampiros, según Porter.

“La estrategia de los que perforan los orificios más grandes es usar enzimas para digerir un anillo”, explica. “Y luego levantan el círculo entero, casi como si se tratase de una tapa”.

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