En líneas generales, se habla de “niebla” o “neblina” de manera indistinta para hacer referencia al fenómeno climático “de nubes bajas”, es decir, a aquel que perturba la visibilidad, ya sea en sectores urbanos o rurales, por la condensación de gotas en la parte más baja de la atmósfera. Sin embargo, no son exactamente sinónimos, pues aunque comparten el mismo origen existen diferencias entre una y otra, según aclaran los expertos en meteorología.
Cuando el agua se condensa en el cielo se forman las nubes. Ocurre, a veces, que esa sustancia densa llega al suelo, y eso es lo que se conoce como niebla o neblina.
La diferencia radica en la densidad de esos fenómenos: mientras que la neblina deja ver entre 1 y 2 km, la niebla no permite la visibilidad más allá de 1 km.
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