Al analizar el universo del empleo en nuestro país, el último censo nacional mostró que las mujeres ganan en promedio un 36% menos que los varones, pero que además tienen una menor tasa de ocupación y se desempeñan generalmente en puestos menos calificados con mayor inestabilidad.
La brecha salarial entre unos y otras se hace incluso más notable cuanto menor es el nivel de educación que alcanza la mujer. Mientras que las profesionales con título universitario ganan en promedio un 29% menos que sus pares masculinos, entre las trabajadoras que sólo han completado el secundario la diferencia salarial con los hombres de su mismo nivel educativo alcanza el 32%; y entre las que no terminaron el secundario, el sueldo promedio llega a ser hasta un 47% menor.
Pese a que casi nadie cuestionaría hoy la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, lo cierto es que en Argentina, como en gran parte del mundo, los salarios femeninos siguen siendo en promedio bastante menores a los del varón. Y aunque en algún momento alguien podría haber atribuido esa diferencia a una menor preparación de ellas para competir en el mundo laboral, esto ha dejado de ser así.
Por primera vez en la historia, el número de mujeres con título universitario supera al de hombres con el mismo nivel de formación. Es así que de los casi dos millones de profesionales con que cuenta Argentina, el 54,4% son mujeres, según mostró el último censo nacional. Pero las mujeres profesionales no sólo han tomado la delantera en cantidad. Además de que seis de cada diez estudiantes que egresan hoy de universidades públicas y privadas son mujeres, ellas completan en general sus estudios en forma más temprana y con mejores promedios que sus compañeros varones, según datos de la UNLP.
Con todo, estudiar más y ser en general mejores estudiantes que los hombres no termina de asegurarles a las mujeres siquiera un trato de igualdad. La maternidad, la carga de tareas domésticas y, sobre todo, los prejuicios culturales que subsisten en la mayoría de los ámbitos de trabajo” constituyen todavía un fuerte obstáculo para su desarrollo profesional, su ascenso a posiciones directivas y la obtención de sueldos semejantes a los que reciben sus compañeros por realizar una tarea similar.
LA BRECHA SALARIAL
¿Cómo se explica la inequidad que sufren las mujeres en el mundo del trabajo? Aunque se trata sin duda de un problema complejo, muchos de quienes se han dedicado a estudiarlo aseguran que responde en gran parte a una organización familiar y social basada todavía en el modelo de “mujer ama de casa” y de “hombre proveedor”, pero en un momento en que muchas de ellas salen además a trabajar.
En ese nuevo escenario donde las mujeres comparten con los hombres la carga del trabajo remunerado, ellos no comparten tanto con ellas la carga de las tareas del hogar. En consecuencia, a las mujeres se le hace más difícil desarrollarse profesionalmente y alcanzar un reconocimiento económico similar.
“La brecha salarial que persiste a entre hombres y mujeres es una cuestión estructural de orden mundial que tiene que ver con la división del trabajo entre el ámbito doméstico y el público”, señala Estela Díaz, secretaria de Género de la Central de Trabajadores Argentinos, quien dice que “a pesar de que en las últimas décadas ha habido importantes avances de las mujeres en el espacio público, el hogar sigue siendo un espacio donde se produce gran cantidad de trabajo no reconocido que recae mayormente sobre la mujer impactando en sus posibilidades de inserción y desarrollo profesional”.
“Esa tensión entre lo privado y lo público reproduce brechas porque hay cuestiones concretas que siguen recayendo mayormente sobre las mujeres como lo son las tareas domésticas y de cuidado de los hijos, los adultos mayores o cualquier persona dependiente de la familia”, comenta.
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