Por su experiencia en el fútbol, Martín Icardi sabe que es un “juego de contacto” por el que “te comés codazos, patadas” y hasta algún golpe fuerte, pero nunca imaginó que saldría de una cancha con una doble fractura de mandíbula (en el maxilar derecho y en el cóndilo izquierdo), por la trompada que le dio otro jugador fuera de juego.
Casi tres meses después de aquello, y con la noticia de que el acusado, Ian Taborda, fue detenido, Icardi confió ayer a este diario que atraviesa por “sentimientos encontrados. Me puso contento saber que hubo una sanción (además de la de la Liga local, que lo suspendió de por vida), pero me da tristeza que pase una situación tan extrema por un partido de fútbol”.
El golpe en su mandíbula fue un segundo. Lo que sobrevino luego de eso, “un proceso muy largo”, según admite Martín, antes de detallar que le colocaron dos placas, tuvo “la boca cerrada con alambres” durante varios días, tiene inmovilizado parte del labio derecho y aún no sabe cuándo podrá volver a jugar.
“Por ahora entreno con mucho cuidado para evitar un golpe”, cuenta, consciente de que le espera, todavía, un “proceso a largo plazo”.
De Taborda dice que “me han llegado anécdotas suyas”, vinculadas con presuntos episodios de violencia dentro y fuera de las canchas, pero, más allá de estos rumores, Icardi resaltó la decisión de las autoridades de la Liga, de sancionar fuertemente esta agresión.
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