No sólo en la política hay una influencia gravitante de las mujeres. En el ranking de las más poderosas del mundo que elabora la prestigiosa revista estadounidense Forbes, en el tercer lugar (detrás de Angela Merkel y Hillary Clinton) se ubica la titular de la Reserva Federal (Fed, banco central) de EE UU, Janet Yellen. La publicación la define como la persona “más influyente” en los mercados mundiales.
Melinda, la empresaria y filántropa esposa del magnate de la informática Bill Gates se ubica en el 4to. lugar, seguida de la consejera delegada de General Motors, Mary Barra, y la directora gerente del FMI, Christine Lagarde. Las empresarias Sheryl Sandberg, de Facebook; Susan Wojcicki, de YouTube; Meg Whitman, de Hewlett-Packard (HP); y Ana Patricia Botín, del grupo Santander, sobresalen en el ránking.
EN “NUESTRO MUNDO”
América latina también tiene para mostrar liderazgos femeninos que han corrido una suerte dispar. Entre 1995 y 2015, la región ha tenido a varias mujeres dirigiendo algunas de sus naciones. Actualmente, queda Michelle Bachelet en Chile, mientras que en Brasil, Dilma Rousseff está suspendida en su cargo a la espera de que se resuelva el juicio político en su contra en el que está acusada de haber maquillado las cuentas públicas para encubrir el déficit fiscal. Y en Argentina, Cristina Fernández de Kirchner gobernó durante dos períodos consecutivos (2007- 2011 y 2011-2015), en gestiones afectadas por casos de corrupción que ahora investiga la Justicia.
Más allá de las simpatías o controversias que estas mujeres puedan despertar, se han abierto campo en una política tradicionalmente patriarcal. Esta apertura indica que las democracias latinas están dando muestras de madurez y transformación, lo que puede llevar a mejores sociedades. La primera mujer latinoamericana elegida presidente, en 1990, fue la nicaragüense Violeta Barrios, más conocida como Violeta Chamorro, por el apellido del que fue su esposo, el periodista Pedro Joaquín Chamarro, asesinado por la dictadura de Anastasio Somoza. Argentina, sin embargo, fue el primer país del mundo gobernado por una mujer: Isabel Martínez, quien era vicepresidente en 1974 cuando su esposo, el presidente Juan Domingo Perón, falleció.
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