Diferentes mujeres en diferentes países acceden al ejercicio directo del poder.
Estos hechos ponen en evidencia que el papel de las mujeres en relación al poder se ha modificado, y al mismo tiempo que las sociedades también han cambiado con respecto a la visualización de los roles que las mismas pueden ejercer y del lugar que ocupan en el entramado de relaciones sociales. En primer lugar, una proporción significativa de la población, tanto varones como mujeres, han dejado de lado pautas culturales asociadas al machismo y a actitudes patriarcales y han aceptado e instalado a mujeres en el centro del poder político. Esto no quiere decir que en esas sociedades han desaparecido los rasgos machistas. Los femicidios y las marchas que los condenan nos marcan su presencia, pero la masividad de estas últimas y su composición de género nos marcan que son pautas culturales “residuales” en términos de Williams.
En segunda instancia vale la pena recordar que el poder no es un objeto que pueda feminizarse o masculinizarse, es una relación social, como lo puso de manifiesto Maquiavelo a principios del 1.500. Relación social que parecía vedada a las mujeres, o en la que se les daba intervención en un segundo plano, como espías o instigadoras ocultas a la sombra de varones encumbrados. Se suponía que por “su naturaleza” no estaban preparadas para los “juegos de tronos” -por parafrasear a una conocida serie televisiva-, los que demandaban el comando de fuerzas físicas, el ingenio en la oportunidad, la toma de decisiones rápidas y, por qué no, el ejercicio de la crueldad. Estos estereotipos parecen marchar al arcón de los recuerdos.
El avance de las mujeres en el poder no quiere decir que en nuestras sociedades han desaparecido los rasgos machistas
Por último, hay que tomar en consideración que los modelos de varones y mujeres son construcciones sociales y que, más allá de las diferencias biológicas, las demás tienen su origen en patrones socioculturales que no son fijos, sino dinámicos y por ende varían en el tiempo, se diversifican en el espacio y se amplían en los diferentes sectores sociales de una nación. A esto asistimos hoy, a una redefinición social de los roles femeninos y masculinos que, dislocando patrones patriarcales, amplían, equiparan y dotan de funciones, hasta hace pocos años vedadas, a las mujeres. En definitiva, democratizan las relaciones entre sexos y entre géneros.
(*) Sociólogo
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