¿Cuál fue el objetivo del brutal ataque que sembró la muerte en Munich? Por ahora, esa pregunta no tiene respuesta, pero empiezan a tejerse algunas conjeturas. ¿Pudo ser un ataque orientado a fortalecer la reacción ultranacionalista y xenófoba? Es lo que algunos analistas evalúan como una posibilidad. Computan, en ese sentido, que Alemania es el país que más refugiados ha aceptado (en una política que hasta le generó a Angela Merkel problemas y resistencias internas); es, además, la nación europea con mayor número de inmigrantes turcos. Así como ha sido dura e inflexible en otros temas, Merkel ha sido más comprensiva en la cuestión de los refugiados.
¿Por qué, entonces, podría ser Alemania el blanco de un atentado terrorista? El interrogante dispara la hipótesis de una acción, en realidad, posiblemente orientada a instalar ese lema de las guerrillas: “cuanto peor, mejor”. Con ese concepto -como se sabe- se define la estrategia de generar el caos y la violencia para potenciar la reacción. Aquella fórmula (“cuanto peor, mejor) la empleaban mucho los comunistas para ejemplificar que, cuanto peor le fuera al sistema capitalista, mejores condiciones se presentarían para la “revolución del proletariado”. La ultraderecha suele llevar ese mismo método a los extremos de la acción.
Un dato es clave: hechos como el de ayer. sumados a la crisis migratoria, están fortaleciendo a la ultraderecha neonazi en Alemania.
En Alemania -destacan varios analistas-, si hoy hubiera elecciones, ingresan seguro grupos neonazis al Parlamento porque la gente está en contra de la política migratoria de Merkel.
Estos grupos extremistas han crecido al amparo de una compleja realidad: en Alemania, que ha recibido a un millón de personas en los últimos dos años, hay un gran déficit de vivienda e infraestructura. A eso se suma un creciente malhumor social por problemas como jubilaciones bajas y dificultades para el acceso a la vivienda en las grandes ciudades.
El fenómeno de la “reacción nacionalista” frente a esta combinación de problemas no es exclusivo de Alemania. El Brexit, sin ir más lejos, fue una expresión vinculada a esa realidad, como lo es la irrupción de Donald Trump en los Estados Unidos.
Aunque el ataque de Munich todavía tiene demasiados cabos sueltos y muy pocas certezas, no podría descartarse que haya sido una operación -como se dijo- encaminada a potenciar esta reacción social que fortalezca el surgimiento de los grupos neonazios que intentan ganar protagonismo e influencia.
Lo cierto -más allá de interrogantes y conjeturas- es que Europa vive un clima de enorme inestabilidad. Hace apenas una semana, el horror de Niza. Ahora, un golpe mortal en Munich. Es normal que el miedo se vuelva una cosa cotidiana.
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