Cuando terminó el partido ante Godoy Cruz en Córdoba, el arquero se duchó y rápidamente se fue para sumarse al seleccionado, por entonces de Gerardo Martino, y luego viajar a Estados Unidos. Ese 28 de mayo se convertiría, sin saberlo, en el primer capítulo de una novela casi interminable. Cerca de dos meses de idas, vueltas y demasiados matices para una negociación eterna, dentro del mercado de pases más largo de la historia.
Necaxa, Rayados de Monterrey, River, Independiente (en dos oportunidades), y sondeos de diversos equipos europeos, aparecieron en el destino de Andújar. Como llegaron se fueron, uno a uno quedaron de lado exclusivamente por aquella intención del propio arquero de darle prioridad a Estudiantes, y la exclusividad en Argentina. Mientras todo esto sucedía, desde calle 53 salía la primera oferta para el nuevo contrato del jugador. Y llegaba también la primera respuesta. Negativa y números elevados, como búsqueda de un reconocimiento más que merecido.
Otro mail con oferta y otra contraoferta; y otra más. Así, días y días hasta que la dirigencia llegó a su techo económico, Andújar entendió el esfuerzo y se llegó al puerto esperado: "Los números míos están acordados, es algo que se puede pagar. La pelota la tiene el club porque tiene que arreglar con Napoli y yo ahí no tengo nada que ver”, confesaba el propio Andújar en La Redonda; anticipando el capítulo final, que también tendría de las suyas: documentación, conseguir el dinero, cuentas bancarias, horarios, reloj, contratos, y el almanaque avanzando más rápido que lo habitual.
Todos en Estudiantes imaginaron el mismo final, pero nadie esperaba tanto en el medio, al punto que el hermetismo y los rumores ganaron por goleada varios días. Ahora el que gana es Estudiantes, sus hinchas, la dirigencia, Vivas, y Andújar. Y el futuro…
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