James Wan lleva años con la etiqueta de “maestro del terror”, ganada a pulso con títulos como “El juego del miedo”, “Insidious” o “El conjuro”. “Es un honor que me vean así”, confesó el cineasta de 39 años, nacido en Malasia y criado en Australia. “Lo que me resulta divertido es que haya quien aún me conozca como ‘el nuevo maestro del terror’, cuando llevo haciendo esto trece años”, añadió.
“Tengo un entendimiento innato de aquello que aterroriza a la gente en una película, pero en parte se debe a que miro las cosas a través de una perspectiva muy común y cotidiana”, explicó el cineasta, que suele subvertir elementos con los que “todos nos identificamos”.
“Si el espectador se ve reflejado con lo que ve en la pantalla, eso hace que los sustos y el terror sean más potentes. Yo mismo me uso como barómetro. Me gusta pensar que si me asusta a mí, es probable que a la gente también”, indicó.
Conseguir esa perfecta mezcla de elementos en la pantalla para controlar por completo las pulsaciones e incluso la respiración del espectador, le ha deparado a Wan ser calificado por muchos críticos como “un gran manipulador”, algo que se toma como un gran elogio. “Me honra. Recuerdo haber leído hace mucho un libro sobre Steven Spielberg y hablaban de él como un gran manipulador de emociones. Él es uno de mis ídolos. Aspiro a ser cómo él”, confesó.
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