María Elena Cafasso, una vecina de 16 entre 32 y 33, estaba en la cocina de su casa cuando vio por la ventana que un intruso la amenazaba con un cuchillo. Ella alcanzó a tapar con su cuerpo la puerta que el ladrón intentaba voltear. Y después tuvo algunos minutos para escapar hasta su cuarto y pedir auxilio. Lo que le dio esa ventaja fue un vidrio blindado que daba al frente, que el delincuente igual consiguió quitar de su marco.
Eran alrededor de las 19.30 del domingo cuando ese delincuente, de 21 años y vecino a menos de 200 metros del lugar que eligió para irrumpir, saltó el tapial del frente. La víctima, una docente universitaria, previó cada maniobra del desconocido.
“Vi que fue hasta la puerta de entrada y la cubrí con mucha fuerza. El la pateaba con todo y se empezó a romper. Pensé ‘me va a pasar por arriba, pero acá no entra’”, contó Elena.
El ladrón abortó ese intento y fue hasta un ventanal lindero. Primero rompió a golpes un postigo y luego arremetió contra el vidrio blindado. La mujer supo que, aún con esa medida de seguridad, el intruso podía meterse y herirla: “¡Te tiro!”, le gritó el joven.
Por eso se apuró en subir a su pieza, en la planta alta, y desde ahí tocó el botón antipánico, llamó dos veces al 911 y se comunicó con vecinos para avisar.
Cafasso, profesora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, permaneció casi 10 minutos encerrada en esa habitación. Desde ese lugar escuchó que el asaltante ya había logrado entrar y rogaba que no le siguiera los pasos, algo que finalmente no ocurrió.
El delincuente al parecer se dio cuenta de que lo habían delatado, por lo que decidió quedarse poco tiempo.
“Además vio todos los sensores de la alarma, que se había disparado la anterior vez que se me metieron ladrones, hace 40 días. Es posible que haya sido el mismo”, estimó la profesional.
A la llegada de la Policía, Elena aún dudaba si los que le tocaban la puerta de su pieza eran los efectivos o el ladrón que la engañaba. En una recorrida por la planta baja se comprobó que el intruso se llevó una cartera -con plata, documentos y otras pertenencias- y una guitarra.
en la puerta, otro robo
Antes de que la víctima fuera asistida, el delincuente alcanzó a escapar. A 20 metros de la puerta de la casa de Cafasso se encontró con tres peatones jóvenes a los que también amenazó con un arma blanca y les habría sacado por lo menos un celular.
“En el camino fue dejando algunas tarjetas y las otras cosas que no le servían”, señaló un hijo de Elena. Eso fue lo primero que lo delató. Aparentemente, los chicos asaltados también lo reconocieron como un vecino del otro lado de la Circunvalación.
Al día siguiente, con los otros elementos incriminatorios que surgieron de la investigación, la policía allanó un domicilio distante a sólo 200 metros de la casa de la profesora. Ahí hallaron al joven sospechoso y la guitarra.
Este caso puso en debate nuevamente la seguridad y la aparente falta de prevención que jaquea a ese sector aledaño a la avenida 32 (ver Recuadro).
Elena lleva la cuenta de que ya sufrió otros ocho episodios de inseguridad. Uno de esos la llevó a instalar ese vidrio reforzado, que de todas maneras no sirvió más que para retardar la tarea del delincuente. Ahora deberá invertir en colocar rejas, y esperar a que el reclamo del barrio de más prevención sea escuchado.
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