El Camino Belgrano se convirtió en el tramo que atraviesa toda la zona norte platense en una especia de “columna vertebral atrofiada”. Escenario de abandono presenta un sinfín de baches y grietas en su asfalto, señales destruidas, banquinas destrozadas. En síntesis, un abanado que lo ha transformado en un dolor de cabeza para los vecinos de Villa Elisa, City Bell y Gonnet que tienen que transitarlo todos los días. El reclamo es de soluciones urgentes.
La solución de los problemas no parece sencilla. La respuesta municipal es que el mantenimiento de esa vía es competencia de Vialidad de la Provincia. Sin embargo se avanza en la firma de un convenio para hacer obras de recuperación en zonas críticas de la cinta asfáltica.
El calvario empieza ya en el arco de Villa Elisa, a la altura del Parque Pereira. Algunos automovilistas describen muy gráficamente su estado: aseguran que “detonó” y muestran los pedazos sueltos de pavimento, las grietas y el pésimo estado en el que están las banquinas.
El panorama se extiende hacia toda la traza, y en el otro extremo, a la altura de Gonnet es notoria la elevación de la cinta asfáltica. Se convierte en un gran escollo a sortear por quienes se desplacen en autos, motos o bicicletas. ”Si un auto pasa a alta velocidad y agarra sin querer esa ´montaña´ puede llegar a volcar o a romper el tren delantero”, describió Alberto Tousiña, un chofer que frecuentemente circula por allí.
En ese tramo, muy cercano al hospital de Gonnet al cual concurren miles de vecinos de toda la zona norte y por donde circulan ambulancias, se observa la falta de luminarias lo cual convierte al sector en una boca de lobo durante la noche. La contracara está en la otra punta, en Villa Elisa, a la altura de la calle 420, donde las luces aparecen prendidas las 24 horas del día.
La semaforización del Camino Belgrano también es deficiente. No funciona uno de los semáforos que está en el cruce con la calle 508, zona de gran flujo de peatones y automovilistas por la proximidad al Hospital San Roque de Gonnet. Además está descompuesto el de la calle 443.
El automovilista que por cualquier inconveniente se vea obligado a detenerse en la banquina, descubrirá que la misma se confunde con la angosta vereda que bordea esa vía o que directamente está anegada por el agua y con huellas tan profundas que impiden el tránsito.
También resultan un escollo los autos que se estacionan en las veredas y restan el poco espacio con el que cuentan los peatones. La alternativa es asumir el riesgo de caminar por la calle, a centímetros de micros y autos que circulan a velocidades altas y medias.
A la altura de la República de los Niños, otra zona sensible por el nivel de circulación, la pintura de las sendas peatonales brilla por su ausencia. Algo llamativo si se piensa en la cantidad de niños y familias que pasan por ese lugar y necesitarían de ese elemento de seguridad. Esa misma situación se repite a lo largo de toda la traza, en la que no hay demarcaciones que indiquen nada.
En cuanto a los baches, los vecinos dan cuenta de uno a la altura de la calle 493. Se trata de un pozo que de tan profundo obliga a los automovilistas a desviarse hacia la mano contraria para evitarlo.
Tampoco son legibles los carteles que advierten la existencia de reductores de tránsito, ni el resto de las señales, muchas de las cuales perdieron la pintura por la corrosión producida por el paso de los años o están a punto de caer. El problema se hace crítico al llegar a los puentes de hierro que pasan por encima de los arroyos, los cuales tampoco tienen señalética.
Aunque son varias líneas de micro las que transitan por el Belgrano, las paradas –en general- son deficientes. Solo un ejemplo es la intersección con la calle 480, donde no hay refugio. Sólo cuentan con un diminuto cartel pegado a alguno de los postes y los pasajeros se ven obligados a esperar el transporte prácticamente en la calle. En esos lugares las veredas son tan angostas que no queda espacio para ninguna construcción que podría guarecer a las personas en caso de mal tiempo.
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