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10 años, 10 meses, 10 días

Messi y un adiós a la Selección que hizo mucho ruido. Bajo la lupa, algunos de los aspectos que desencadenaron su renuncia luego de la final perdida ante Chile en la Copa América Centenario

Por Redacción

Por MARCELO ROFFE (*)

Como introducción para entender la renuncia del mejor jugador del mundo a la Selección después de 10 años, 10 meses y 10 días, vale situar lo que estaba en juego en esta final de la Copa América Centenario.

Las constelaciones psicológicas que se ponen en juego en una final son apasionantes. A saber: 1) A la final llegan solo 2 equipos, lo cual refleja un enorme mérito para ambos. 2) No cualquiera juega bien y suelto en una final. 3) No cualquiera rinde en su selección igual que en su club, ya que suele “pesar más” representar al país debido al arraigo y al sentido de pertenencia. 4) Cualquiera reúne buenos jugadores, lo difícil es hacerlos jugar en equipo. 5) Un jugador solo no te salva. Menos cuando existen rivales tan aceitados colectivamente.

“Dejemos a Messi tranquilo. Respetémoslo. El problema no es él, el problema somos nosotros. La peor derrota no es perder por penales o perder tres finales seguidas, la peor derrota es haber cansado a Messi”

El desafío era sacarse de encima las cuatro mochilas para que se pueda disfrutar la final: no debían cargar con 23 años sin títulos ni con la derrota vs Alemania en el Maracaná en 2014, ni con la derrota por penales frente a Chile en 2015, ni con tener al mejor del mundo. Si el equipo lograba eso y manejar la ansiedad de querer darle una alegría a la gente, además de lo táctico-físico, el logro estaba más cercano. No pudo. Sin un trabajo de entrenamiento mental planificado a mediano y largo plazo con un psicólogo del deporte es más difícil. Alemania tiene psicólogo deportivo hace 12 años y mal no le va. Las variables de control de miedos (a equivocarse, a fallar, a no dar lo que se espera de él), el control de presiones, la toma de decisiones, la focalización de la atención, la capacidad de resiliencia, la cohesión grupal, la comunicación, todo eso se puede mejorar con herramientas que nos brinda esta especialidad.

A: Razones que pudieron haberlo llevado a renunciar: 1.- Las críticas crueles y despiadadas que recibió luego de la derrota en 2015. Hay que tener memoria. Ya en ese momento pensó en renunciar. 2.- El caos que es hoy la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El lo manifestó antes de la final siendo perfil bajo y anti-polémico: “¡Después de la final voy a decir todo lo que pienso y lo que siento!”. 3.- El penal errado: ser el mejor del mundo no es condición necesaria para convertir. Siempre patea el primero y convierte (Holanda en el Mundial, Colombia y Chile en Copa América 2015). Esta vez falló. ¿Conocer a Bravo lo condicionó? Es humano. 4.- La enorme frustración de no haber podido levantar la copa que el visualizaba de una vez por todas en sus manos. Jugó un gran torneo y una gran final. Pensaba que esta vez se cortaba. 5.- La enorme presión externa (sociedad muy exitista) e interna que significa ser el numero 1. El costo de ser el mejor. Todos los ojos están sobre vos. Cómo puede ser que no salgas campeón con Argentina, si sos el mejor. Y el reverso: cuando estás en la cima, muchos quieren verte estrellado.

B: Cultura del campeonismo: nos han instaurado de pequeños que “el segundo es el primero de los fracasados”. Y ese discurso tiene efectos tangibles sobre toda la cultura deportiva. Con lo cual, el fútbol, deporte cultural de los argentinos, es una picadora de carne (como en el film antológico “THE WALL”) que fabrica incesantemente miles de frustrados y fracasados. País el nuestro, donde el exceso de pasión lleva a la violencia. Un diario tituló “Nacidos para ser segundos” y en el suplemento deportivo “Una generación perdedora”.

“Sin un trabajo de entrenamiento mental planificado a mediano y largo plazo con un psicólogo del deporte es más difícil. Alemania tiene psicólogo deportivo hace 12 años y mal no le va”

C: Violencia en el fútbol: lamentablemente en el fútbol está legitimada. Los violentos están ganando por goleada. Trescientos quince muertos producto de la violencia en el fútbol lo dejan más que claro. El primero fue en 1922 cuando un argentino conocido hincha de Boca, apuñaló a un uruguayo en Montevideo en la final del campeonato Sudamericano y eludió la cárcel por protección dirigencial. El discurso que desarrollamos en el punto anterior instauró el pensamiento de que el rival no es un rival sino un enemigo. Desde chiquitos nos decían en el colegio: “Si querés insultar anda al estadio”.

D: País que no cuida a sus ídolos: una vez alguien me dijo: ¿vos conoces algún país donde los cuidan? Y me dejó pensando. Tendría que investigarlo dije. Yo soy consciente de que el exitismo está globalizado, pero no a este nivel de crueldad. Ahí nomás Ezequiel Fernández Moores recordó que pidieron la cabeza de Messi en el Barça meses atrás, antes de que llegara Luis Enrique. Pero acá tenemos tradición en esto. Los valoramos cuando los perdemos. Nos cuesta aceptar la diferencia, Maradona era Maradona y Messi es Messi, Barcelona es un club grande pero un club, y representar a un país, que además viene sediento de títulos y está enfermo de resultadismo y violencia, es otra cosa.

E: Messi y su relación con la Selección: a mi modo de ver, a Lío le llevó siete años que la gente lo reconozca y lo quiera plenamente y se identifique con él, con la camiseta de la Selección mayor. Una eternidad. El inicio del vínculo fue angustiante: expulsión a los pocos segundos de haber ingresado frente a Hungría. Postal negativa. Otra postal negativa: su foto solo en el banco de suplentes al no ingresar versus Alemania en el Mundial 2006. Y el facilismo de gran parte del periodismo argentino: si el entraba cambiaba todo. Como en la Copa América 2015 en referencia a Tevez contra Chile. Búsqueda de soluciones mágicas, de un Mesías. Típico de este país en todos los órdenes, también en la política. Es correcto que se le exija más por ser el mejor del mundo. Está bien que la gente se frustre porque es la segunda final en un año que Argentina queda ahí nomas del título. Lo que no se justifica es adjetivarlo negativamente y sin fundamentos como “autista”, “no siente la camiseta”, “no corre”, etc. Buscamos chivos expiatorios en las derrotas, culpables, y depositamos demasiado en él.

Siguiendo a Rafael Bayce, uruguayo y con claridad conceptual, “el futbolista argentino Lionel Messi es un típico fetiche de las sociedades contemporáneas. Es una figura que arriesga convertirse en chivo expiatorio de la cobardía irracional de las masas si no cumple con las irracionalidades exigibles a su carácter de fetiche”. Manu Ginóbili, otro referente nuestro y ejemplo, declaró en 2015 que un día Messi se va a calentar y va a mandar a todos a la mierda. Martino, el DT de la Selección Mayor declaró que si él fuera Messi hubiera renunciado… Todo dicho, todo claro. Llegó ese día. ¿De qué nos sorprendemos entonces?

Dejemos a este muchacho tranquilo, si lo queremos un poquito. Respetémoslo. Cuidémoslo. El problema no es él, el problema somos nosotros. La peor derrota no es perder por penales o perder tres finales seguidas, la peor derrota es haber cansado a Messi.

(*) Psicólogo deportivo. Trabajó en las Selecciones de Argentina y Colombia. Vicepresidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina (APDA). Presidente de SOLCPAD. Docente UBA .

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