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Hacer cine contra la corriente

El cineasta platense suma trabajos: mientras encara dos proyectos para el Planetario, prepara su regreso al género del terror y planea la segunda parte de “Pequeña Babilonia”

Hernán Moyano podría parar el frenesí que domina su vida, pero no quiere: uno de los primeros valores platenses surgidos de la carrera de cine de la UNLP, que se lanzó a dirigir su primera cinta con menos de 20 años y “de caradura”, se detiene en la redacción de Diario EL DIA por unos instantes antes de partir hacia Bolivia para brindar un taller de stop motion, tras lo cual deberá viajar por el país buscando los mejores cielos argentinos, mientras prepara el primer episodio de una serie de animación e intenta escurrir en su agenda tiempo para filmar la segunda parte de “Pequeña Babilonia”, el celebrado documental sobre el rock platense.

“Es mi forma de vida. Y es un poco la vida del que hace cine: caótica pero divertida”, se ríe quien erigió desde La Plata junto a los hermanos García Bogliano y Catalina Oliva, hace ya 16 años, Paura Flics, productora fundamental del movimiento emergente del nuevo cine de terror en Argentina.

Un género del que se distanció durante un lustro, ocupado con otros trabajos para llevar el pan a la mesa, pero al que volverá con “Bajo tus pies”, un guión para el que consiguió financiamiento recientemente. “Estaba un poco desesperado ya”, cuenta quien a los 18 años, junto con un grupo de alumnos de cine, fueron a pedirle a Sony, “un poco de caraduras”, utilizar el primer prototipo de cámara digital que llegó a Argentina para filmar su primera película de terror, en una época donde todos los profesores les indicaban que el cine digital era una moda pasajera.

“Desde entonces, tenemos una producción sostenida de casi una película por año”, revela, todo un mérito si se tiene en cuenta la desconfianza de la audiencia con el terror argentino. Una tendencia que, afirma, está cambiando… lentamente: “Los productores nacionales han sido siempre desconfiados con el género, sobre todo porque no había referentes. Pero en todo el mundo son las películas más taquilleras, básicamente porque quienes las ven, que es la gente entre 15 y 35 años, es la gente que va al cine”, explica, e indica que “a medida que un montón de realizadores empezaron a hacer cine de terror, de manera ultraindependiente, y les fue bien, los productores comenzaron a dar un pasito más”.

El “momentum” creció, el apoyo también, hasta llegar a “Sudor frío”, “lo máximo a lo que puedo aspirar como realizador”: “Se hizo con apoyo del INCAA, teníamos a Telefé, Diney, Buenavista atrás, y se convirtió en la película más taquillera de la historia del género en Argentina. Y a partir de ahí comenzó a fortalecerse el apoyo acá”, cuenta sobre la cinta estrenada en 2010.

Pero el trabajo de evangelizar a la audiencia, sin embargo, todavía es un trabajo en proceso: el mismo público que consume la décima secuela de cualquier saga de terror, se resiste al género en Argentina. “Hay que seducir al público”, opina Moyano, “pensar películas cercanas a la gente: para que se sugestionen tienen que sentirse identificados, con una persona, una situación, un lugar. Todavía no tenemos la posibilidad de hacer una película con demasiado despliegue, porque no hay presupuesto. Las películas que han funcionado son películas chicas, con una buena idea, algo que la gente siente propio”.

La clave, dice el realizador, es “traspolar las ideas, las historias, pero no copiar: la literatura argentina tiene un montón de leyendas que se pueden adaptar, ¡o la realidad misma! Superar a la realidad es imposible, si uno lo plasma en un guión le dicen ‘exagerado’, y después pasa… “

EN LA LUCHA

Pero en esta cruzada por convertir al público en aficionado a la versión argentina de género más taquillero, Moyano no está solo: el nuevo cine de terror nacional se parece más a una banda de rock que a un solemne grupo de realizadores. Todos colaboran con todos desde cuestiones técnicas hasta la difusión. “Sabemos que si el género crece todos vamos a estar mejor”, explica el sentimiento de cofradía, que, cuenta, se dio también por necesidad: “Tuvimos la suerte y al desgracia de hacer todo con nada: teníamos que estirar el poco dinero con el que contábamos, había que disimular lo que no había… y tuvimos que comenzar a colaborar entre nosotros”.

La competencia, de todos modos, es desleal: generalmente son los propios cineastas los que tienen que luchar por colocar sus películas en las salas, contra los tanques extranjeros, y de llevar al público a las salas. Incluso, el cine de género argentino hasta tiene que crear hasta sus propios trailers, un mundo al que Moyano entró porque “no hay empresas que hagan las colas. Yo aprendí solo, porque tuve que hacerlos para mis películas. Esa es la diferencia con el mercado de afuera, nosotros tenemos que profesionalizar ese tipo de cosas: comunicar bien las películas, hacer posters atractivos…”.

Moyano revela que uno de sus trailers debía emitirse antes de “El conjuro”. “Pero después tenés que ir a los cines a ver si lo están dando, porque el cine pone ‘Buscando a Dory’, porque le conviene… tenés que ir de detective”, cuenta, y agrega: “En los últimos diez años, hubo apoyo para la producción, pero lo más difícil es después: vos hacés la película, pero después hay un mundo que nadie te enseña, y lo termina haciendo el director”. Un espíritu “hazlo tu mismo” que reflejan desde el lema de Paura: “Estamos tan acostumbrados a hacer tanto con tan poco, que ahora somos capaces de hacer todo con nada”.

NUEVOS UNIVERSOS

Acostumbrado a lanzarse al vacío sin red de seguridad, Moyano se introdujo recientemente en un nuevo mundo: la producción de contenidos para Full Dome, es decir, para proyectar en un domo como el de nuestro Observatorio.

“No había ido nunca al Planetario, mi acercamiento a los cielos era desde el cine…”, cuenta Moyano, quien a partir de las proyecciones del Observatorio platense y de haber organizado un ciclo de cine allí, entró en contacto con los directivos, y un día les propuso producir algo distinto, que tuviera narrativa y no fuera solo la exploración de un paisaje sobre un domo. “Veía que los contenidos que venían eran de afuera. Y pensé por qué con el talento que hay acá, no se pueden hacer cosas de este tipo”, afirma.

Así comenzaron dos proyectos en paralelo: “Belisario”, una serie de 13 episodios sobre astronáutica, primera incursión en la animación para el realizador que produce junto a Celeste, un estudio de animación de la Ciudad; y “El camino eterno”, un documental que muestre los distintos puntos de observación del país, los mejores cielos de Argentina.

Para trabajar en el formato Full Dome, “tuve que desaprender todo lo que aprendí de cine”, afirma: “La pantalla de cine desaparece, la acción pasa alrededor, atrás, arriba, abajo tuyo. Para componer un plano no tengo que pensar en una pantalla de televisión, tengo que pensar en un semicírculo”.

Y, además, tuvo que bucear en el mundo de los cuerpos celestes: “Estoy aprendiendo de telescopios, mapas del cielo, tuvo que leer libros sobre astronáutica”, dice, porque todos los capítulos tienen un anclaje en hechos reales: “En el primer episodio hablamos sobre San Martín, que en sus batallas usaba unos cohetes muy particulares llamados Congreve, los mandaba a pedir a Europa: ¡yo nunca había escuchado que San Martín usara cohetes! Es lo que más me gusta de mi trabajo”, cuenta.

OXIDACION

Mientras se embarca en una nueva aventura por los cielos, Moyano busca también hacer tiempo para filmar la segunda parte de “Pequeña Babilonia”, el documental sobre el rock platense a cargo de la Facultad de Periodismo: “La primera película la hicimos en seis días de rodaje, con muy poco presupuesto, con el material que se pudo conseguir, porque la idea era que la película exista”, revela.

Sin una afición musical obsesiva, afirma que de hecho llegó al proyecto porque “me recomendaron como realizador a la Facultad de Periodismo: creo que me recomendaron por saber que estoy acostumbrado a trabajar con presupuestos muy bajos”.

Ahora, cuenta, podrá trabajar con mayor financiamiento, porque el INCAA apoyará esta segunda entrega, pero de todos modos Moyano, inquieto, afirma que “no creo que haya que quedarse haciendo todo el tiempo películas grandes: el tiempo de las películas industriales es muy largo, a veces hay que estar esperando dos años a que una película salga. Y en el medio se uno no filma… se oxida”.

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