Especial para EL DIA
de National Geographic
Hay más de 4.000 grandes simios (gorilas, chimpancés, orangutanes y bonobos) en zoológicos de distintas partes del mundo. Pero a diferencia de los primates en libertad que naturalistas como Jane Goodall o David Attenborough convirtieron en superestrellas mediáticas, estos simios cautivos hace tiempo que han sido olvidados, como si sus vidas tras las rejas los hiciera menos merecedores de nuestra atención.
Pero para Chris Herzfeld, autora de “Wattana: Un orangután en París”, los grandes simios en cautiverio llevan una vida tan interesante como la de sus pares salvajes. Interactuando con sus cuidadores humanos, pueden desarrollar habilidades que los simios en libertad nunca dominarán, como los hermosos y elaborados nudos que ata la orangutana Wattana.
Desde su casa en Florida, EE. UU., la autora belga cuenta curiosidades sobre los grandes simios.
- ¿Por qué decidió estudiar un orangután de un zoológico del centro de París?
- Porque se les presta menos atención a los grandes simios en cautiverio, y creo que es importante comprender que ellos también tienen una vida, una existencia en el zoológico. No digo que sea bueno mantener cautivos a los grandes simios. Pero cuando están en los zoológicos tienen nuevas oportunidades de aprender del mundo del hombre. Eso pasó con Wattana, una joven orangutana del zoológico de París. Fue criada por humanos desde que era bebé y aprendió otra forma de vida, que combinó la humana con la de los simios.
No soy científica, soy filósofa de la ciencia. Me interesa realmente examinar a los grandes simios en el mundo humano porque son el nexo de la cultura y la naturaleza. Uno cree que un simio en el mundo humano es una suerte de simio desnaturalizado. Desde ya no tienen las mismas oportunidades que si estuvieran en libertad. Pero en el mundo humano pueden crear una nueva forma de vida porque tienen plasticidad, flexibilidad en la conducta. Esa es una de las principales características tanto de los grandes simios como del hombre.
- Usted dice que los hombres no sentimos la necesidad de hacer biografías de los animales. Pero usted estudió en detalle la historia de vida de Wattana. No tuvo un comienzo fácil ¿no?
- Cuando comparto tiempo con los simios pienso que también tienen una historia de vida. Tienen personalidad. Fue así con Wattana. Ella nació en el zoológico de Amberes y fue rechazada por su madre. Era la primera hija y la madre era muy joven. Nosotros creemos que los grandes simios tienen instinto maternal. No es así. Tienen que aprender a ser madres.
¿Cómo? Observando a otras madres. Pero en los zoológicos no hay muchos ejemplares en la misma jaula. Así que las hembras no tienen oportunidad de aprender a ser madres. Eso sucedió con la madre de Wattana. No quería tocar a su bebé. No sabía cómo sostenerlo. Así que la dejó en el piso y el cuidador tuvo que ocuparse de ella. A los 3 meses, fue transferida a un zoológico de Alemania que se especializa en grandes simios bebés. Allí fue bautizada como “pequeña princesa”.
- Háblenos de de los lazos afectivos que los grandes simios forjan con sus cuidadores.
- Los simios en cautiverio interactúan más con los humanos que los que están en libertad. Cuando los grandes simios son transferidos de un zoológico a otro, mantienen esos lazos con su cuidador y con sus parientes de jaula.
Pueden reconocer a las personas que son importantes para ellos pasado mucho tiempo. Un ejemplo es el del cuidador del Jardín des Plantes, Gérard Dousseau. Estaba muy encariñado con los chimpancés del zoológico. Cuando éstos fueron transferidos a otro zoológico, Gerard y su esposa fueron a visitarlos. La pareja llegó cuando los grandes simios estaban descansando en su jaula. Pero cuando los chimpancés vieron a Gerard y a su esposa, inmediatamente se acercaron al vidrio. A veces, los simios en cautiverio les hacen regalos a sus cuidadores, como pajitas que empujan a través de las rejas.
- ¿Cómo conoció a Wattana?
- Fue en París. Le di hilos y cintas de papel porque me habían dicho que sabía hacer nudos. Tendemos a pensar que es algo que hace sólo el hombre. Me sorprendió con sus nudos. Entonces le di diferentes materiales para que atara.
- Usamos nudos básicamente para atarnos los cordones. Pero en el caso de Wattana, se trataba de algo más artístico ¿no?
- Para nosotros el nudo es algo funcional. Pero para Wattana fue una habilidad adquirida al entrar al mundo de los hombres. Los cuidadores contaron que incluso cuando era chica se mostraba muy interesada en los nudos. Cuando ellos se ataban los cordones ella se acercaba a mirar. Cuando le dieron la oportunidad de atar un nudo, logró hacerlo en apenas un día.
Para ella es una diversión. Es tan buena atando nudos que le da placer. Usa todo lo que le doy: piolines, cordones, mangueras, rollos de papel. Puede incluso hacer nudos complejos para unir dos cosas diferentes.
En una oportunidad hizo una suerte de instalación en su jaula colgando hilos y cintas. Fue tan hermosa; disfrutó mucho haciéndola. Usó todo lo que había en la jaula: arandelas, malla metálica, madera. ¡Fue muy impresionante!
- El naturalista Desmond Morris hizo una serie de experimentos con simios para probar si podían hacer arte, e incluso montó una exhibición en Nueva York ¿no?
- Morris es especialista en zoología y primates. En la década de 1950, le dio pinturas y pinceles a un chimpancé llamado Congo. El animal hizo cientos de pinturas y dibujos a su manera y no paraba hasta que decidía que la pintura estaba terminada. Hasta cambió su estilo de pintura. ¡Cuando Jackson Pollock vio la obra de Congo pensó que este era un gran artista! (risa)
- A pesar de todo el amor de sus cuidadores y su esfuerzo por mantenerla activa, no puedo de dejar de sentir lástima por Wattana. ¿Está bien seguir encerrando animales en zoológicos?
- Jane Goodall dijo una vez que no estaba segura si prefería que los grandes simios estuvieran en un ambiente amplio y agradable en un zoológico o en libertad con el peligro de los cazadores furtivos y todos los desafíos que encuentran en la naturaleza. Si liberamos a Wattana en Borneo, no podría sobrevivir. Un ejemplo famoso fue el de Lucy, la mona que hablaba. Su dueño, el Dr. Maurice K. Temerlin, que era psicólogo, quiso devolverla a su hábitat así que la llevó a una reserva de África. Pero Lucy nunca se adaptó a la reserva.
- Cuéntenos qué aprendió de Wattana y cuál su mejor recuerdo de ella.
- Lo que aprendí es una forma de vida porque los orangutanes son brillantes y tranquilos. Simplemente existen y están siempre ocupados. Los grandes simios, y especialmente Wattana, me muestran cómo vivir tranquila. Tengo un buen recuerdo de mi última visita a Wattana, en el zoológico de Holanda donde ella vive ahora. Le di cintas rojas. Pero al principio no hizo nada porque quería un momento para estar juntas. Fui a ver a su hermana, Dente, en el mismo zoológico, y cuando volví Wattana había hecho algunos nudos en la malla de alambre. No pude entrar a la jaula porque sólo pueden hacerlo los cuidadores. Así que en todo momento nos separó un vidrio. Es terrible, porque ella está en cautiverio y yo estoy libre.
SUSCRIBITE a esta promo especial