Por JOSE SUPERA
ESCRITOR
1.
Hace frío y está caliente, tiene un bolsito cruzado y está cruzado. Va recorriendo los bares y los cafés, las plazas y las calles, con su poesía a cuestas, en cuadernitos que fotocopió en un ciber en Circunvalación, las tapas pintadas a mano por el mismo, para que lo lean, para que se entere la mayor cantidad de gente posible, de su dolor, de su visión de las cosas, pero también, y no menor, para ganarse unos mangos y vivir de lo que escribe, de lo que sale de uno. Entra a un bar y es de noche. Él tiene hambre. La gente está por cenar y ver y escuchar y sentir a un tipo tocar el órgano. Le importa un carajo quién es ese tipo. Va por las mesas. “Estas son mis poesías, soy un poeta callejero que vivo de lo que escribo”, y les deja el cuadernito, mesa por mesa, hasta que se lo deja a alguien que hojea el cuaderno, que mira la primera página y le dice “ya está, leí los primeros renglones, con esto me alcanza”, y le devuelve el cuaderno, pero después le pregunta si no le gustaría que le haga una nota sobre lo que hace.
2.
Esos primeros renglones que leo, los primeros de ese primer poema, en ese librito 10 hojas fotocopiadas, pintado de verde en la tapa, con el signo pesos, dicen así:
“Me atrapa la nada, telarañas,/me habita el desconcierto que aplaza”.
3.
Y ya está. Ahora me cuenta que se hace llamar el Anartista. Se pide una Coca Cola y yo un segundo café. Me da dos libros fotocopiados y los hojeo mientras me cuenta su historia. “Soy de Villa Luro, pero ahora vivo acá en La Plata, me vine a vivir con mi vieja y mi hermana. Un día estaba allá en el bondi y vi a un poeta que repartía su poesía asiento por asiento y ahí me vino la idea”. No quiere saber nada con que diga su nombre. “Poneme así, como el Anartista, porque siempre prefiero el perfil bajo, no me gustaría ser muy conocido”. Es que no conoce a muchos poetas platenses, porque no se relaciona con el ambiente, el lobby, la camaradería, no es lo suyo. Es un nómade de las palabras. Él va, de acá para allá, trazando letras y caminos, con su mochila, con sus libritos, que cargan cosas escritas como éstas: “Erguirme sacando pecho ante la multitud/De la alienación, a cara de perro, yo soy todo el oro/ que tengo, voy solito dando saltitos como Forrest Gump,/ silbando bajito, en la teoría de la normalidad,/las calles me besan y me lamen los pies, ellas saben/ en qué mundo hostil yo me pierdo, yo me hallo/ y aunque así la ciudad brilla, la gente charla,/ los seres cantan, y se olvidan de las rutinas y/los deberes, y de gritar gritan, ellos se animan/ a portarse mal ante la hermética sociedad y sistema,/ ellos se alivian por lo menos una noche al día”.
4.
La idea es simple. Entrar a un lugar y se acerca y la gente acepta o no leer sus poesías, quedarse o no con su libro. “Si de cien personas que me leen, a uno le llega, ya está, estoy hecho. Es una utopía creer que se puede vivir del arte, pero a mí, me da de comer. A veces se me acercan los pibes que venden en la calle, y se me arma quilombo, porque piensan que estoy vendiendo algo, pero no estoy vendiendo nada, solo pido a cambio un poco de plata, por algo invisible que hago. Así está el sistema, que nos pone unos contras otros”.
5.
Hablamos de lo que nos motiva, de escribir de lo que no nos gusta, para que guste, sentirnos solos, nos une eso, eso pero también no funcionar con la buena crítica, con la que halaga, sino quedarnos enroscados con las malas vibras, con el veneno, que es lo que motiva y mueve. “Lo que hago es un diario de poesía; cada 3 ó 4 meses escribo, escribo, escribo, y después descarto lo que no me gusta y ahí las imprimo y las salgo a vender. Escribo sobre lo que pasa a nivel mundo, las noticias, y lo que me está pasando a mí. Trato de inventar, de hacer siempre algo diferente; a veces me da bronca porque siento que en la poesía a veces me repito”.
6.
Hasta que me pregunta él a mí. Cuando fue el día que me sentí escritor. Y entonces piña al mentón. Pienso. No lo sé. Quizás fueron muchas veces. Quizás todavía no fue ninguna. Después le digo que me siento escritor cuando estoy solo y me encuentro hablando solo y escribiendo a la vez. Y él me contesta que “uno puede ser mal poeta o buen poeta, pero si te creés poeta, sos poeta. Por eso ya salgo a la calle, porque no puedo quedarme en el bueno o malo, tengo que creer en lo que hago, salir, romper las estructuras, encontrarme con el lector, cuando este no me está buscando”.
7.
“Corona de espinas en mi bocho,/los laboratorios,/delinquen los pibes en las calles,/es el hambre,/respetan los semáforos suicidas motoqueros,/civilización salvaje,/el padre no quiere al hijo/el hijo no quiere al padre,/apocalipsis con maquillaje,/los terapeutas se analizan con terapeutas,/sistema de serpiente de dos cabezas,/para hacer y deshacer pequeñas actividades,/burocracias insoportables”.
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