Por WALTER EPISCOPO
SENSACIONES
Está claro que ir al Estadio “Ciudad de La Plata” (no “Unico”, como se lo suele llamar), no es precisamente lo que más le gusta al hincha de Gimnasia. Entre ese estadio y el pueblo Tripero hay algo personal, de eso no quedan dudas, pero el amistoso con Independiente servía para cortar la abstinencia de ver al equipo de sus amores en una cancha. Pasaron poco más de dos meses de aquel último partido del campeonato ante Colón, por eso la gente del Lobo fue en muy buen número, aunque no se sintiera cómoda y no fuera su hábitat natural.
Es que a su vez había mucha expectativa por ver este “nuevo” Gimnasia comandado por Gustavo Alfaro. Es que comparando aquel último cotejo con el Sabalero, había seis nombres nuevos en el arranque (solo sobrevivieron Martín Arias, Oreja, Coronel, Licht y Meza). Por otro lado, el hincha no había podido ver los amistosos anteriores por que fueron a puerta cerrada.
La cabecera Sur lució completa y por ello debieron abrirse las puertas para que la gente se acomodara en las plateas. Muchísimas camisetas, camperas, gorros y banderas azules y blancas flameando. Algunas lucieron al revés, como modo de protesta o descontento por tener que ir a 25 y 32. Por ejemplo, “La Granja”, “Gambier” y “Plaza España”, entre otras.
EL GRITO SAGRADO...
Fueron noventa minutos interesantes ante un rival complicado, donde al menos el hincha pudo ver al equipo otra vez, y de compartir situaciones especiales. El regreso de Sebastián Romero en su tercer ciclo en el Club y el “Chirooola, Chirooola...” que la gente volvió a corear cuando el número “17” entró a los 13 minutos del segundo tiempo.
Y el berissense, Tripero hasta la médula, con ojos emocionados entró y minutos después sacó un centro que terminaría en el empate mens sana. Mientras Chirola entraba, al mismo tiempo en Estancia Chica ingresaba su hijo Tomás en el partido de Sexta División, y en tiempo de descuento clavaba el segundo para los Lobitos que ganarían agónicamente 2-1. Sin dudas un sábado feliz para la familia Romero. “Estaba con una ansiedad bárbara”, decía Chiro cuando se iba del vestuario con sus 38 años a cuestas, pero con la sonrisa dibujada en su cara.
Párrafo aparte para Ramiro Carrera. El pibe que alguna vez declaró, “soy de Gimnasia desde que nací”, y soñaba jugar con la camiseta azul y blanca cada vez que iba a verlo desde la tribuna en Bosque, sacó un remate que se clavó abajo contra el poste izquierdo del arquero. Y la alegría del “32” que lo gritó como loco adentro del campo y sus familiares se abrazaban en la tribuna.
Para el final, un despropósito la espera para la gente de Gimnasia, que debió quedarse esperando 40 minutos para que se abrieran las puertas para poder retirarse del Estadio, cuando a poco más de 10 minutos de finalizado el juego, la parcialidad de Independiente ya había salido.
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