Fernando Laborda
LA NACION
“Cercada por los escándalos de corrupción y los potenciales arrepentimientos de narcotraficantes que pueden arrastrar a algunos de sus ex funcionarios, Cristina Kirchner empieza a ser historia. Como ocurrió con Carlos Menem tras su derrota electoral, la ex presidenta y sus seguidores comienzan a resignarse a que los nuevos tiempos que corren la tendrán muy atareada en los tribunales y la alejarán de la posibilidad de liderar el principal partido opositor”, dice Laborda. El kirchnerismo podría quedar reducido “a una secta de fanáticos”, como Esteche, que confesó que hay que ayudar a desatarle una crisis al Gobierno. Todo esto ha beneficiado a Macri que, sin embargo, “sabe que las alternativas del culebrón kirchnerista no distraerán eternamente a la opinión pública de las dificultades socioeconómicas ”. Añade que “la agonía del kirchnerismo no sólo es un problema para el kirchnerismo, sino también para el macrismo. De cara a las legislativas del año próximo, los estrategas del oficialismo no desconocen que un derrumbe del sector liderado por Cristina no es el mejor negocio, pues habrá que medir fuerzas con un peronismo renovado y tal vez unificado”.
Edgardo Mocca
PAGINA 12
“No tiene nada de extraño el deseo de unidad del Partido Justicialista. Cualquier organización política sabe que cuanto más unidas se encuentren sus partes, más probabilidades de desarrollo tendrá”, dice Mocca. Sostiene que “toda lucha por la unidad es al mismo tiempo una lucha por el control, puesto que un partido político no es el reino de la horizontalidad y la plena igualdad en su interior; es más bien un campo de tensiones internas, de asimetrías de recursos, de voluntades encontradas. Es decir que se está luchando por el control del partido”. Dice que el núcleo del problema reside en la decisión del establishment de dar por cerrada la experiencia kirchnerista. “Si la derecha lo logra habrá avanzado decisivamente en el arduo camino de construir gobernabilidad para la drástica reestructuración neoliberal que está en marcha”. Añade que “toda la estrategia discursiva de la derecha gira en torno de una idea: no hubo proyecto nacional y popular, eso fue un decorado detrás del cual se montó un dispositivo de corrupción y abuso de poder”. Asegura que “la idea explícita que gobierna los actos del grupo predominante del PJ es que todos tienen que estar dentro de la estructura y desde ahí disputar las candidaturas”.
Eduardo van der Kooy
CLARIN
“Cristina Fernández está enardecida porque su situación judicial se complica. Sebastián Casanello temblequea porque ignora si continuará a cargo de la investigación de la ruta del dinero K, que tiene entre rejas a Lázaro Báez”, dice Van der Kooy. “Ambos comparten el mismo sufrimiento: la Sala II de la Cámara Federal confirmó el procesamiento de Lázaro. Pero por segunda vez le advirtió al juez que no deje de auscultar la pirámide del dinero sucio. Esa figura encierra dos nombres estelares: Cristina y De Vido”. El nudo de la estrategia cristinista pasa por circunscribir la causa a Báez. Reducirlo a un caso de Lavado. La Cámara salió al cruce. “Apuntaría a desenmarañar el origen del dinero”. Tras analizar otras derivaciones judiciales, dice que “el kirchnerismo y el peronismo, atraviesan el peor momento de su calvario desde que dejaron el poder. La influencia de Cristina, aún menguada, tiene que ver. Los ultra K se disgregan en Diputados ante cada postura intransigente de la ex presidenta. La conducción del PJ está tiesa porque ni Gioja ni Scioli responden. La única acción política vivaz corresponde a Pichetto, el jefe de los senadores del PJ. Pero es insuficiente”.
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
“Resulta que los nobles “emancipadores”, mientras denunciaban a todo crítico como cipayo y entreguista, le regalaban 1500 millones de dólares al peor capital financiero. Esos bonistas afortunados se sirvieron del patológico afán por fingir que caracterizaba al gobierno cristinista” dice Fernández Díaz. Sostiene que el gobierno cristinista fue también el que “trucó las cifras de crecimiento para ganar imagen en los barrios, a sabiendas de que cuanto más inflaba los números más les entregaba el patrimonio nacional a esos buitres amaestrados por el cupón PBI”. Afirma que no se sabe qué hubiera dicho Perón de estas boutades políticas y añade que en las últimas jornadas “su heredero legal confirmó que un obispo comisionado por el gobierno K le habría ofrecido treinta millones de dólares por pertenencias históricas (de Perón)”. Reseña que “el negocio era más o menos así: el Poder Ejecutivo le pagaría oficialmente cien millones, y él tendría que devolver en secreto setenta, que serían destinados a “hacer política”. Dice que “el peronismo, lejos de impulsar una renovación republicana, se aferra a sus recuerdos más conservadores, sin discutir su pálida ideología: a estas alturas, sólo una vaga e incompleta noción de justicia social
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