“Fue una batida”, aseguraron varios comerciantes de la zona. Lo hicieron por lo bajo, basados en los primeros comentarios que se escucharon y ante la evidencia de un plan que estuvo pensado minuciosamente.
La comidilla de todos los que trabajan en la cuadra fue ayer desde bien temprano hablar de este nuevo ataque boquetero. Es que todavía siguen frescos en su memoria los otros robos concretados en la manzana bajo esa modalidad.
Las sospechas y elucubraciones tuvieron que ver, sin rodeos, con la existencia de un presunto entregador. Alguien que conocía la distribución de los dos locales implicados: la casa de cambio y la dietética por la que accedieron.
Dando por sentado que hubo alguien que facilitó ese ingreso, “se trató de una persona que conoce el movimiento de esa financiera en particular, y de todas las transacciones de compra-venta de moneda extranjera en general”, soltó un detective.
La preocupación quedó instalada entre los comerciantes a partir de otro aspecto que los dejó pasmados: “Desconectaron la alimentación eléctrica del sistema de alarmas de ese y otros negocios”, señaló una mujer que trabaja a metros de la galería.
Sin que lo dijeran, la sensación entre ellos era palpable: cualquiera puede ser el próximo.
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