Si bien en tiempos de la Independencia la pampa era un mar de ganado vacuno, lo cierto es que estas vacas no eran las de ahora sino más bien “animales esqueléticos de cuero duro y cuernos largos”, describió el historiador Rodrigo Illarraga, doctorado en Filosofía y miembro del Conicet.
Esas vacas, dijo el investigador, “recorrian una provincia de Buenos Aires cubierta de pastizales de más de un metro de altura”, muy distinto de “la vegetación que hoy asociamos con nuestras llanuras”.
El ganado vacuno se perseguía por su cuero, y su carne era extremadamente dura. ¿Qué se podía asar, qué era blando como para comer rápidamente? La lengua de la vaca, animal que llegó al continente con los viajes de Colón.
A partir de entonces comenzó a variar la dieta en América, pues la carne vacuna fue reemplazando paulatinamente la de jabalíes, borregos, venados, perdices, aves silvestres y de otros animales que se comían en estas tierras.
Los aborígenes americanos secaban las carnes y la llamaban charqui; luego se preservó con sal y el producto se denominó tasajo. Recién en 1810 instalaron en Buenos Aires el primer saladero.
SUSCRIBITE a esta promo especial