Un nuevo robo de madrugada padecieron los dueños de un comercio de la zona de Plaza Islas Malvinas, que funciona en 22 y 50. Ayer aproximadamente a las 4 fue que un grupo de desconocidos fue hasta una pizzería para irrumpir.
Lo hicieron rompiendo un vidrio lateral a la puerta principal. “Entraron y revisaron lo que pudieron, en el tiempo que tuvieron desde que empezó a sonar la alarma. Se llevaron la plata que había en la registradora y se fueron”, contó José López, el propietario.
Como en cada oportunidad, los delincuentes lograron huir sin que nadie los detectara. Por eso no se sabe cuántos fueron ni qué vehículo tenían.
“La policía llegó rápido cuando se activó la alarma pero igual no los encontraron”, reconoció su mujer.
El caso les recordó el mal gusto de boca que habían tenido ya en diciembre pasado, cuando les destrozaron la puerta de blindex de la fachada, para concretar otro robo que se le pareció mucho a este último.
“La verdad es que no sabés qué hacer”, señaló ella, con el recuerdo todavía fresco de otro episodio de inseguridad violento que tuvo que padecer hace solamente un mes.
“Entraron a mano armada, poco antes de las 9 de la noche, cuando había clientes con nenes chiquitos. Eran dos que nos amenazaron a todos, y tenían a otro que los esperaba afuera”, relataron en la pizzería.
Con un dejo de ironía más resignación, los encargados no descartan que “dentro de un mes vuelven de nuevo”.
Los dueños de ese negocio no son los únicos que la pasan mal por la delincuencia en el barrio. Hace una semana fue que tres delincuentes tomaron cautivo a un remisero y lo obligaron a llevarlos a cometer un raid. Primero se metieron en un local de pagos de 54 y 22, de donde se llevaron la recaudación después de tumbar a patadas una puerta. A la empleada la habían amenazado con un arma 9 milímetros.
La misma secuencia se vivió en dos kioscos de la zona de 23 y 50, donde los asaltantes repitieron la maniobra. Es decir, a metros del asalto de ayer.
Aquel raid terminó abortado cuando la Policía salió a la búsqueda de los ladrones, que todavía obligaban al remisero a manejar por la ciudad y San Carlos. Al final los capturaron del otro lado de la Circunvalación.
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