Entre los días 6 y 13 de julio de 1977, once abogados laboralistas fueron secuestrados por esbirros en la ciudad de Mar del Plata. Uno de ellos era el doctor Norberto O. Centeno, redactor del proyecto de Ley de Contrato de Trabajo que había sido sancionada en 1974. Llevados a un centro de detención conocido como ´La Cueva´, los torturaron hasta lo indecible. Centeno y otros seis abogados no sobrevivieron y sus cadáveres aparecieron días después flotando en el mar. Para recordar este atroz capítulo del terrorismo de Estado, el 6 de julio se instauró el Día Nacional de los Abogados Víctimas del Terrorismo de Estado. Los abogados lo recordamos como ` La noche de las corbatas`.
Así es: sin abogados no hay Estado de Derecho; sin abogados no hay Libertad
En nuestra ciudad sucedió contemporáneamente un hecho similar, aunque incruento. Un grupo de abogados laboralistas, que defendían a obreros del Frigorífico Swift, sufrieron secuestro, torturas y una detención posterior en la Jefatura de Policía. Previamente, los jueces de los Tribunales del Trabajo de La Plata habían recibido una `citación´ de la Secretaría de Justicia para prevenirles que los juicios contra la empresa Swift no debían continuar. Los jueces se apresuraron a comunicar a los involucrados esta mala nueva, pero la advertencia fue desoída y los abogados continuaron defendiendo a sus clientes; de ahí su secuestro y detención. Sin embargo, en este caso el General Camps, a la sazón Jefe de la Policía provincial, no tenía instrucciones de asesinarlos, sino solamente de amedrentarlos. Retiradas las capuchas, hizo su aparición como un oficial de la Gestapo y les recordó que tenía poder de vida y muerte sobre cualquiera, pero que el operativo no iba a tener esa última consecuencia. Se abrió, entonces, una causa judicial para cubrir las apariencias y a los pocos días los abogados fueron sobreseídos y liberados.
En otras jurisdicciones ocurrieron hechos similares, pero los asesinatos -es mi recuerdo- sólo se consumaron en Mar del Plata.
El secuestro y muerte de los abogados tenía un sentido muy claro para los titulares del terrorismo de Estado. No se trataba solamente de aniquilar a la guerrilla, sino de acallar cualquier voz disidente. Y los abogados no nos podemos callar, porque nos han educado para defender los derechos ajenos y para eso es necesario hablar, polemizar, peticionar ante quien corresponda y enfrentar, si es preciso, al Poder. Decía mi papá, Asís Abdelnur, en su memorable Discurso sobre el Abogado: ´Si los déspotas pudieran suprimir al abogado lo harían con gusto, porque ellos mismos se identifican como tales a través de este molesto personaje, para quien la ley es siempre una limitación. Cabe pensar que si no existieran los abogados, no se habría inventado, siquiera, la palabra tiranía´. Así es: sin abogados no hay Estado de Derecho; sin abogados no hay Libertad.
(*) Abogado; cofundador de “Reunión de Abogados Independientes”
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