“La independencia fue un enorme salto al vacío”. Así define aquella gesta de 1816 Luis Alberto Romero, uno de los más prestigiosos historiadores argentinos. Romero ha sido, en estos días, una figura clave para explicar, en el país y en el mundo, el sentido histórico del Bicentenario. Estuvo en La Plata; participó de seminarios; escribió artículos y dio entrevistas. Aquí, un resumen de sus definiciones.
“Los hombres que decretaron la independencia no sabían ni qué territorio iban a tener. Todo surge a partir del hundimiento del imperio español, e inmediatamente después la guerra civil. 1816 era un momento muy incierto. San Martín no quería hacer la guerra sin tener el respaldo de un estado, para no parecer un pirata. En Tucumán había mucha gente de bajo perfil. Desde la independencia, durante 70 años hubo guerras constantes. Hasta 1880 no hubo paz.
“Recién en la década de 1880 Argentina descubre las enormes posibilidades del mercado mundial sobre la base de un Estado consolidado y la educación pública. En 1816 no existía Argentina y no existió durante mucho tiempo. Eran las provincias unidas del sur, un cheque abierto para ver quién se sumaba. El nosotros estaba por definirse. Por eso la educación fue clave. La gran fábrica de argentinos es la escuela. Todos los nacionalismos son inventos, hubo que hacerlo sobre todo para incorporar a los inmigrantes. Si vemos cómo está ahora Europa hay que decir que a los argentinos nos gusta hablar mal de nosotros pero ese fue un ejemplo muy exitoso de asimilación e integración. En épocas más recientes vivimos migraciones de paraguayos, peruanos, bolivianos y nadie plantea que ése sea un gran problema. Argentina triunfó en eso. Son argentinos todos los que quieren vivir en Argentina. Es una idea roussoniana. Si acepta las reglas es argentino. El giro es a principios del siglo XX, cuando empieza a tener éxito la idea alemana de nación como pueblo culturalmente homogéneo. El ser argentino. Y todo se complica cuando intervienen en esta discusión el ejército, la iglesia, el radicalismo y el peronismo. Cada uno tira para su lado. El ejército por la tierra, la iglesia por la nación católica, que en los años 30 fue importante y una rama de ese nacionalcatolicismo lleva al peronismo. El radicalismo despreciaba al resto”.
EL QUIEBRE
“Desde el punto de vista económico la curva argentina tiene una primera flexión después de la Primera Guerra Mundial, y después, a partir de 1930, con la crisis económica. Pero la crisis fuerte es la de 1970. Ahí es donde Argentina empieza a venirse abajo. Pero desde el punto de vista ideológico la quiebra viene antes, cuando la elite empieza a entusiasmarse con la idea de la grandeza argentina, que lleva al nacionalismo duro. Hasta la escuela pública cambia y se vuelve más adoctrinadora. Antes la idea era una Argentina cosmopolita, liberal, abierta al mundo, como EEUU”.
Esta semana, le preguntaron a Romero en España: ¿Qué pensarían los congresistas de 1816 si vieran la Argentina actual?
Respondió así: “Es inimaginable. Habrían dicho probablemente que Fernando VII no estaba tan mal... Si hubieran vivido durante la última dictadura militar lo habrían pensado. Con la inmigración masiva la Argentina se hace de nuevo. Creo que los líderes de 1880, los que pensaron la nueva Argentina, habrían visto esto como una tremenda decadencia. Creo que todavía en 1960 la habrían reconocido como su Argentina, antes del golpe de Onganía. Pero después no. Hasta el 66, los obreros soñaban con el socialismo; los actuales sólo piensan en cortar la calle para poder subsistir. El quiebre es en los 70. La pobreza es una novedad en Argentina. En enero del 66, una desocupación mayor del 6% parecía gravísima. No existía esta percepción de ahora de que son dos mundos distintos, los pobres viven en otro y no tienen posibilidad de salir. Antes había un camino de mejora. Tengo un amigo profesor de Historia en la Universidad de Buenos Aires cuyo padre era analfabeto. Era el sueño argentino, el de los inmigrantes. Eso se ha roto. Nadie cree que tenga un mérito especial trabajar”.
Cuando se le pregunta por el futuro, en esta Argentina del Bicentenario, Romero se permite el optimismo: “Yo formo parte del grupo que cree que tenemos una oportunidad, chiquita, que requiere mucho talento político y mucha suerte. Pero creo que se puede cambiar. Si el Estado pudiera lograr que las escuelas en barrios pobres dejaran de dedicarse a alimentar a los chicos y volvieran a lo que fueron cambiaría mucho”.
“No creo que sea verdad que la Argentina debiera jugar en ligas mayores, yo me conformo -dice Romero- con ser un país mediano razonable. Pero hoy estamos muy lejos de eso”.
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