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Filetero y amante de los canarios

Roberto Vecino tenía un criadero de canarios. En los ambientes donde quedaron los cuerpos, había jaulas

Por Redacción

Roberto Vecino, ya apodado el “nuevo Barreda”, tenía una pasión: los canarios. Tenía un pequeño criadero en su casa y era delegado de ACUNQ, la asociación de entusiastas de las aves en Necochea y Quequén.

Cuando ingresaron ayer en la tremenda escena de la masacre, los peritos se toparon con pajareras de distintas formas y tamaños en los dos ambientes de la vivienda, enmarcando los cadáveres de Marta Curuchet y el de Vecino, colgado de un alambre en una especie de galpón ciego y sucio, anexado a casa.

Con sus casi 2 metros de altura, a Vecino no le resultó difícil controlar a sus víctimas y degollarlas. Después de todo, era muy habilidoso con el cuchillo, ya que había sido filetero de pescado en el puerto de Quequén.

Ya no trabajaba allí. Desde hace unos años era sereno en el cementerio municipal y, como en su barrio, allí tampoco tenían de él un mal concepto, aunque era dueño de un humor oscuro que no siempre caía bien: cuentan que solía mover los cadáveres para asustar a sus compañeros, o pinchar los cuerpos para correr a otros empleados que salían despavoridos.

A diferencia de lo que opinaban quienes lo conocían puertas para adentro, en el barrio Fonavi todos tenían una buena “imagen” del quíntuple homicida. Aún después de la matanza lo calificaron como “un hombre amable”, “atento”, o “buen vecino”.

Sus dos hijos mayores opinan muy distinto. Daniela contó que huyó de su casa cuando tenía 16 años: “Él apuntaba a la cabeza de mi mamá con un arma cuando yo tenía 9 . De chica fui a la comisaría y me trajo a patadas porque lo denuncié”, recordó.

Gustavo Vecino, su hermano, está radicado desde hace años en Mar del Plata.

Llorando, contó que a él y a su hermana, cuando tenían entre 8 y 11 años, les dio “palizas increíbles”. El muchacho se enteró de la masacre por las noticias. “Todavía no lo creo”, dijo llorando, y recordó que siempre le decían a su mamá que tenía que denunciarlo por los malos tratos. La fiscal Mirta Ciancio, que investiga el caso, rastreó denuncias de violencia de género contra el asesino: no hallaron nada.

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