Tal como en años anteriores, el Banco Alimentario platense concretó la recolección de kiwis en una tarea que se realizó en un campo de Bartolomé Bavio con la presencia de casi 157 voluntarios convocados por aquella institución, que juntaron casi siete toneladas del fruto, en una tarea de estricta finalidad solidaria ya que la cosecha será distribuida entre 112 entidades de bien público, en especial los comedores de la zona.
Tal como se informó, esta noble tradición que se reitera año tras año se reflejó en la presencia de numerosas personas -jóvenes la mayoría de ellas, aunque también se advirtió la presencia de adultos mayores- que en forma desinteresada colaboran en la cosecha del kiwi.
Como se sabe, esta recolección solidaria sólo es posible gracias a que el dueño del campo, en carácter de colaborador anónimo, le ofrece en donación al Banco Alimentario la segunda cosecha de kiwi todas las temporadas.
Los organizadores de esta loable iniciativa pusieron de relieve que gran parte de las familias destinatarias de las partidas donadas de kiwi no conocen el alimento, y obviamente, tampoco los beneficios de su consumo.
Según señalaron oportunamente dirigentes del Banco Alimentario de La Plata el kiwi es una de las frutas que más beneficios le otorga al organismo. Es muy rica en vitamina C y, según algunas recomendaciones médicas, su consumo frecuente puede prevenir resfríos y hasta enfermedades de las vías aéreas. Se lo considera, además, un poderoso antioxidante. Suele ubicarse entre los productos más caros de las verdulerías.
En muchas oportunidades se ha lamentado el desaprovechamiento de alimentos en buen estado, considerándose muchas veces a esas pérdidas –causadas por distintos motivos- como carentes de todo tipo de justificación social, frente a las necesidades que enfrentan muchas personas sin recursos. La iniciativa que impulsa el Banco Alimentario procura, justamente, evitar esta contingencia.
Según se indicó, las bases sobre las que se gestó esta entidad –esfuerzos compartidos, conciencia por el hambre, trabajos en equipos- son las que le permitieron asistir a unos 90 comedores escolares de La Plata , Berisso y Ensenada. Entre otras respuestas que no se hicieron esperar, productores hortícolas la región donaron también distintas verduras y hortalizas en los últimos años.
En el caso de quienes participaron –y de los muchos que que ya lo hicieron años atrás- esta muestra de interés por ayudar a los comedores escolares y a otras instituciones que recibirán los beneficios de sus trabajos, la solidaridad que corporizan los voluntarios, constituyen siempre una nota alentadora y reconfortante.
Cómo no mencionar, entonces, los numerosos casos de grupos de niños y jóvenes estudiantes de nuestra región que todos los años se preocupan por juntar elementos que se precisan imperiosamente en escuelas pobres del país -ubicadas, por caso, en zonas de frontera o en la alta montaña- y que literalmente las apadrinan, acudiendo a ellas para entregar las donaciones y también para realizar los trabajos que hicieran falta para mejorar las condiciones edilicias de esos establecimientos.
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