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El monólogo de un hombre que se muestra perturbado

Por LUCIANO ROMAN

Leer la declaración completa de José López ante la Justicia es asomarse a la extraña y retorcida psicología de un hombre que se muestra perturbado, por momentos incoherente, “perseguido”, pero que -sin embargo- deja claro que “no come vidrio”.

Hizo en su declaración un pormenorizado detalle de lo que, según él, fueron las horas y los días previos a su detención en el convento de General Rodríguez. Se describe a sí mismo como un hombre acosado por extraños fantasmas, que escuchaba “voces”, que creía en una especie de conspiración internacional en su contra, que se sentía observado e inclusive vigilado.

¿Cuál es la estrategia de López? Por lo pronto, parece apuntar a exhibir cierto desequilibrio psicológico y emocional. ¿Pero en qué lo beneficiaría eso en una causa en la que, en todo caso, nunca estará en juego el atenuante de la emoción violenta ni de la inimputabilidad? Parece una estrategia más apropiada para un acusado de apuñalar a una amante que de haberse robado más de nueve millones de dólares desde un influyente sillón del gobierno nacional.

Pero López deja ver en su declaración que no está dispuesto a contestar lo que verdaderamente importa: dice que la plata “era de la política”, una suerte de entidad abstracta a la que ningún juez podría citar ni sentar en el banquillo. Dijo que su mujer no sabía nada de la existencia de ese dinero. Y también salvó a las supuestas monjas: tampoco tenían idea -declaró- de lo que contenían esos bolsos custodiados por un fusil.

Fue categórico y coherente al afirmar, sí, que “no me he enriquecido en la función pública”. Le faltó decir que es víctima de una persecución política y que los millones se los plantaron. No llegó a tanto.

También mostró que “no come vidrio” cuando se declaró dispuesto a colaborar con la Justicia y prometió aportar más precisiones más adelante. Fue como una insinuación de que podría estar dispuesto a prender el ventilador, pero en un futuro incierto. ¿Un mensaje hacia el propio kirchnerismo? ¿Un tiro por elevación a De Vido o a la propia Cristina Fernández? Son preguntas que por ahora no tienen respuesta.

Leer la declaración de López obliga, también, a preguntarse cómo ese hombre manejó durante doce años el inmenso paquete de la obra pública nacional. ¿Empezó a “escuchar voces” después del 10 de diciembre? ¿O ya antes había conocido ese extraño territorio de las alucinaciones y los delirios?

Pero, en definitiva, ¿aportó algo López con su declaración de ayer? Nada que parezca cambiar demasiado el rumbo de las cosas. Lo que importa, no lo contestó. Deja abierto el interrogante sobre si es o se hace. Y aseguró que ese dinero no era suyo; era “de la política”. Pobre política: se lo han sacado.

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