RIO DE JANEIRO, BRASIL
ESPECIAL
Por PEDRO GARAY
“Estaba para hacer un buen tiempo, lo sentía, entrené muy bien. Me tengo que conformar con esto”. Las palabras fueron de Federico Grabich tras su prueba de 100 metros, la que preparó durante cuatro años con esperanzas de final olímpica que se le desvanecieron en menos de un minuto. Ayer, la máxima figura de la natación argentina volvió a competir, y repitió una constante de la actuación de la natación argentina: no pudo bajar su marca.
Contradictorio, si se tiene en cuenta que se trata de uno de los deportes que mejor aprovechó el ciclo del Enard, bajando en los últimos dos años más de cuarenta récords nacionales y consiguiendo, en el proceso, medallas sudamericanas, panamericanas y hasta mundiales. En Río, continuar con el quiebre de los tiempos hubiera implicado, de máxima, un par de diplomas. Pero finalmente, cuando todavía resta la competencia de Martín Naidich, nadie consiguió su objetivo de marca y todos se fueron en las preliminares.
Consultados acerca de una explicación, los ojos se abren, entre tristes y desconcertados. Grabich, el más veterano del equipo olímpico con apenas 26 años, dijo ayer tras sus 50 libre, más tranquilo, que “en Londres no estuve listo, acá estuve físicamente y mentalmente preparado, pero la marca no salió. Son días”.
Y el “son días” se repitió, minutos después, en la boca de Santiago Grassi, una de las grandes esperanzas del equipo: con apenas 19 años alcanzó su primer Juego Olímpico clasificando un año antes en los 100 mariposa. Pero, tras nadar en la piscina del Estadio Olímpico Acuático, ninguna referencia a su precocidad ayudaba a borrar su tristeza.
“No pude mostrar en el agua lo que estaba trabajando, estaba para mucho menos. No entiendo el resultado general, no lo entiendo”, comentó con la mirada en el horizonte el mariposista. Todavía joven y con mucho espacio para mejorar su tiempo, se preparó para emular lo hecho en los Panamericanos de Toronto, donde entre la previa y el torneo bajó 6 décimas su marca para cosechar plata.
Una evolución similar lo hubiera convertido en el primer argentino en bajar a 51 segundos, y lo hubiera colocado en semis. “Sentía que estaba para bajar mi mejor marca. Veníamos preparados para hacer una buena performance: pero esto es cada cuatro años y todo se define en 52 segundos, es muy poco tiempo para demostrar el trabajo”, reflexionó.
La desazón se vio durante esta semana también en el rostro de Virginia Bardach, quien estuvo lejos de sus tiempos en las tres pruebas que realizó; más conforme se fue Julia Sebastián, que aunque no bajó marca realizó un tiempo, al igual que Grabich y Grassi, dentro de los parámetros de su propia plusmarca nacional.
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