BAIANA ACCINELLI
Coordinadora de la organizaciónAcción Respeto en La Plata
Si ya de por sí resulta difícil denunciar una situación de violencia de género, mucho más lo es cuando esta ocurre de manera efímera, en un transporte público, y quien la comete es un desconocido que puede bajarse en la parada siguiente sin que se lo vea nunca más. Esta dificultad para sustentar las denuncias por manoseos en micros y trenes lleva a que la inmensa mayoría de los casos, que son cientos por día, queden impunes, sin recibir siquiera una condena social. De ahí la importancia de este fallo que sienta un precedente jurídico, pero que además quizás sirva para que quienes deben intervenir o tomar las denuncias no se desentiendan cuando una mujer reacciona porque alguien la tocó.
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